SEÑALES DE HUMO
Que Zapatero coloque a Carme Chacón de ministra a seis meses de las elecciones es una treta poco elegante
Tambaleante tras abandonar las vagonetas del Dragon Khan, la política catalana debe montarse en la siguiente y obligada atracción sin haberse repuesto, sin que el jarabe áspero del doctor Montilla haya obrado milagro alguno. La mareante sensación persiste. Superado el debate de política general en el Congreso, este mes de agosto señala el principio del final -previsto para el mes de marzo- de una legislatura española tremendamente abrasiva, desbordante de furia y hiel. Una legislatura maldita, condenada por su nacimiento trágico y monstruoso.Arrostran en sus estómagos los partidos catalanes el malestar de lo sucedido desde 2003 hasta hoy. Los cardenales y rasguños sangrantes son producto de la batalla cainita del Estatut, pero no únicamente. Emprendamos una somera inspección. Vamos a por el PSC. Montilla no consigue despegar y su partido sufre una torrencial pérdida de votos. Los pactos les conceden grandes parcelas de poder, pero ¿hasta cuándo? Que Obiols y el siempre disciplinado Castells hayan decidido recoger la bandera del catalanismo no es una anécdota, sino todo un síntoma. CiU aguanta electoralmente hablando, pero Artur Mas y sus principales compañeros no pueden disimular el aturdimiento tras escapárseles por segunda vez una Generalitat que acariciaban con la punta de los dedos. Iniciativa, que es casi una empresa familiar, no sufre querellas intestinas, aunque en algunos sectores exista malestar. Su afán es conservar sufragios y parcelas de poder, algo que puede empezar pronto a no ser tan fácil como hasta ahora. ERC bulle por dentro mientras recula de forma alarmante. En cuanto al PP, su estado es vegetativo y con mucho dirigente a la espera. De Ciutadans veremos lo que queda tras la monumental trifulca.El ánimo general está bajo y los liderazgos tocados, muy gastados, pues ninguno ha logrado estar a la altura de los singulares y muy difíciles tiempos. Ante ellos, una sociedad desconcertada, escaldada, camino del agotamiento, que desconfía de sus políticos y no acude a votar a poco que tenga algo mejor que hacer.A la vista de todo ello, no cabe de aquí a las elecciones esperar ni brillantez ni imaginación, menos aún argumentos frescos u originales. El PSC se refugiará en la contraposición al PP y los empellones a CiU. Sin embargo, esta vez no podrán aferrarse a nada parecido al «Si guanya Zapatero, guanya Catalunya», sonaría a falso, casi a mofa. Por su parte, Zapatero, que teme que los votos catalanes flaqueen, ha nombrado a Carme Chacón, cartel electoral del PSC el año que viene, ministra por unos meses: una treta poco elegante. Chacón ha entrado en el cambio de gobierno diseñado para coger aire y metros de ventaja a Rajoy.Luego está lo de Duran Lleida, quien, con la complicidad del proceloso presidente del gobierno español y gracias a Cercanías de Renfe, ha forzado un poco más su pulso con CDC. Duran, que practica una suerte de roquismo de última generación, ofrecerá al electorado catalán gobernar en España. Esquerra, que ha destacado durante tres años por su obsequiosidad con Zapatero, va a probar de rebobinar para intentar restaurar su credibilidad patriótica.Pero la contradicción los persigue: no se puede por la mañana predicar -en un léxico importado de Oriente Medio- la «desconexión» de Cataluña de España para por la tarde emberrincharse porque Zapatero flirtea con Duran mientras otea el futuro.
@LEAD:Cambios de Gobierno. El autor cree que el hecho de que Zapatero coloque a Carme Chacón de ministra a seis meses de las elecciones es una treta poco elegante
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