Van con Pedro
Se puede mirar con pena o regocijo pero no se puede negar que el acto del 19 de junio en la plaza Independencia fue la foto de un reacomodamiento político general. Enmarcado por el Nunca más, Pedro Bordaberry sonríe a la cámara mientras recibe su saludo de legitimación. Emerge una figura que apunta a sacar a la derecha de su ostracismo.
El pasado 19 de junio se hizo pública una decisión presidencial que impactó a todo el espectro político: Tabaré Vázquez no sería candidato a la reelección. Tras la descompresión política que trajo el anuncio, blancos, colorados y frenteamplistas iniciaron el ajuste de sus estrategias.
Entre los múltiples movimientos, algunos son todavía tímidos pero otros, como el surgimiento de la candidatura de Pedro Bordaberry a bordo de su movimiento Vamos Uruguay, arrancaron viento en popa. El hijo del ex dictador está recién tomando impulso, y en la izquierda –según sondeos realizados por Brecha entre dirigentes del Frente Amplio– aún no parece haber conciencia de la fuerte potencialidad del fenómeno, pese a que muchos tienen la convicción de que seguramente Bordaberry “arrasará” en las próximas internas coloradas. Para elaborar el siguiente informe Brecha consultó a los politólogos Oscar Bottinelli, de la consultora Factum, y a Adolfo Garcé, del Instituto de Ciencias Políticas, y colorados simpatizantes y detractores del nuevo movimiento encabezado por Bordaberry.
PISTA DESPEJADA. No hay dudas de que la decisión de Vázquez de no intentar la reelección descomprimió la escena y permitió que afloraran algunos movimientos subterráneos. Pero mientras Bottinelli considera que la decisión presidencial expresa gran debilidad, Garcé entiende que expresa fortaleza. Bottinelli señala que de mayo a junio el presidente Vázquez aparece en un proceso de debilitamiento que tiene un punto crítico en la decisión de no presentarse a la reelección. Según sostiene, se produjo algo que en México, en la época de la hegemonía del pri, se llamaba “lo que ocurre despues del destape”. En esos años el sucesor a la presidencia mexicana lo marcaba el presidente saliente, y a eso le lamaban “el destape”. El día que se producía el destape, continúa Bottinelli, el presidente perdía el poder, que iba a parar al sucesor.
Garcé, en cambio, señala que Vázquez “salió fortalecido porque dijo algo que los uruguayos quieren oír. Ese Nunca más centrista, que le costó dolores de cabeza en su propio partido, lo benefició en términos de imagen porque ha pasado de ser un líder de la izquierda a ser un político centrista”.
En ese marco no pasó desapercibido el abrazo con que, el 19 de junio, el presidente distinguió, entre los asistentes, a Pedro Bordaberry.
Puede considerarse que ese gesto fue el viento legitimador que sopló en las velas de Vamos Uruguay.
EL CENTRO ESTÁ OCUPADO. El nuevo movimiento de Bordaberry no se autodefine de derecha, ya que sus integrantes rechazan, por antigua, la clasificación en términos de izquierda o derecha. Pero, más allá de las autodefiniciones están las propuestas, las prácticas y las trayectorias. Vamos Uruguay aparece en la escena nacional en el punto más bajo de popularidad del Partido Colorado. Y es contemporáneo de una derecha modernizada que recupera posiciones perdidas y las consolida en las urnas, sea en elecciones nacionales como en Francia, o en municipales como en España, Italia y Argentina.
En el discurso de la nueva derecha internacional predomina la ruptura agresiva de consensos instituidos, su carácter popular y populista, el uso extremadamente inteligente y estratégico de los nuevos medios de comunicación, la mezcla –contradictoria pero eficaz– de neoliberalismo y apelación a los valores tradicionales. Así fue resumido en el seminario “Nueva derecha” (Sevilla, noviembre de 2006), en el que se intentó analizar las causas de la expansión nacional e internacional de un nuevo populismo conservador. Como representante típico del fenómeno aparece Nicolás Sarkozy quien, mientras intentaba cautivar a los jóvenes para su causa, decía cosas como ésta: “Para reinventar la República hay que revalorizar la cultura del trabajo y del esfuerzo bajo el signo del ‘mérito’ (…) combatir el pensamiento único impuesto por el espíritu igualitario del 68, culpable de castrar la iniciativa, promover una sociedad subvencionada y castigar el éxito”.
La nueva derecha no cuestiona las instituciones democráticas, pero considera que la vieja legitimidad popular debería ser cambiada por una “nueva legitimidad experta” (Jacques Rancière en el citado seminario). O sea: los nuevos ocupantes de los aparatos de gobierno (progresistas) no están preparados para manejarlo, como sí lo están en cambio las viejas elites gubernamentales, por formación o herencia. El seductor discurso neoconservador se apoya en el difuso malestar de la gente que se siente desprotegida ante los riesgos que le impone la globalización rampante. Por eso su punto fuerte suele ser la oferta de seguridad y tranquilidad públicas. Esa oferta también caracteriza a Bordaberry.
Pero en Uruguay la palabra “derecha” ha sido considerada casi ofensiva por los partidos políticos, autodefinidos liberales, socialdemócratas o, a lo sumo, de centro. ¿Habrá llegado la hora de reconsiderar los términos? “Indudablemente la derecha en Uruguay está llamada a repensarse y a reformularse. En términos ideológicos, programáticos, de comportamiento político. Se encuentra ante a un desafío similar al que tuvo la izquierda hace tres décadas, en las que, para existir, tuvo que coordinar esfuerzos entre partidos, formular un programa alternativo creíble, para existir”, entiende Adolfo Garcé. La oposición sigue rehuyendo el término derecha o centroderecha –afirma– y no termina de formular un discurso, una alternativa programática a un gobierno de centroizquierda como el del Frente Amplio. Los partidos tradicionales no terminan de asumir que la izquierda se quedó con el bloque de centroizquierda, que había sido tradicionalmente batllista, y que ellos deben ocupar el espacio restante, el de centroderecha, con un programa moderno, pragmático y concertado. Hasta que no vean que van a perder otra vez, incluso en un balotaje, no van a dar ese paso, señaló Garcé.
PARADOJA COLORADA. Pedro Bordaberry sí parece dispuesto a ocupar el espacio vacante. En pocos meses fundó la agrupación Vamos Uruguay y se lanzó a la conquista de adhesiones. Todavía no tiene un programa ni sueña con la Presidencia, pero piensa que es posible reagrupar fuerzas provenientes de distintos lugares y crear una agrupación grande que acumule a favor de la renovación.
Bottinelli no cree que Bordaberry se plante como exponente de una nueva derecha. Más allá de su apellido y de la defensa de su padre –considera el politólogo–, su discurso no difiere del que tuvo cuando fue candidato a intendente en 2005. “Se acerca más a un discurso de la posmodernidad que a uno de una nueva derecha porque no lo es, ni en el plano de la derecha autoritaria, ni en el del conservadurismo ni en el del liberalismo económico. Es un discurso un poco desideologizado. Creo que está buscando, desde lo colorado, competir con Larrañaga, con ese discurso muy abarcativo desde una nueva generación política e incluso con menos énfasis en un ataque al fa que el que pone Larrañaga”.
En opinión de Garcé, Bordaberry tiene un potencial político enorme. Es de los dirigentes de la nueva generación “que más se parece a esa nueva derecha que anda por el mundo porque tiene ese corte gerencialista que uno le ve a Berlusconi o a Sarkozy. Bordaberry asistió al acto del 19 de junio. Se dio cuenta de que la defensa de su padre que hizo el año pasado le valió enormes problemas ante la opinión pública y no dudó un segundo en hacer lo que tiene que hacer para empezar a despegarse del lastre de su apellido”.
Como aproximación al fenómeno, Brecha consultó a dos de sus primeros adherentes, Ope Pasquet, de Batllismo Abierto (antes había integrado la Corriente Batllista Independiente), y un colorado que, por razones circunstanciales, pidió mantener su nombre en reserva. Se consultó también a otros dos colorados que consideran negativa la emergencia de Bordaberry: Washington Abdala (forista) y Manuel Flores Silva (ex cbi).
ESTE MUCHACHO. Se lo conoce en primer lugar como uno de los nueve hijos de Juan María Bordaberry. Contra ese fondo, Pedro intenta perfilarse con la mayor autonomía posible. Tiene 47 años, es abogado de uno de los estudios más importantes de la city, el Estudio Viana. Allí trabajaba Bordaberry con Guillermo Stirling (una vez jubilado Guillermo, ocupó el lugar su hijo Federico). El Estudio Viana se fusionó con el de Jiménez de Aréchaga, donde trabajaba el yerno de Eduardo Jiménez de Aréchaga, Alberto Brause. Casualmente, los tres socios de este estudio especializado en defensoría de bancos son los primeros impulsores del proyecto Vamos Uruguay.
Bordaberry fue director del Registro de Propiedad Industrial (Marcas y Patentes), ministro de Turismo en el gobierno de Jorge Batlle, y candidato a la imm en 2005 (cuando obtuvo la misma cantidad de votos que la lograda por todo su partido en la elección nacional).
En este último papel impulsó una campaña de propaganda de estilo similar a las de la izquierda. Interpelado por ello respondió: “Lo que choca es que un candidato colorado utilice símbolos que son de todos pero que la izquierda se los había apropiado. Cuando los muchachos vienen a hablar conmigo les digo ‘métanle’. Me dicen: estamos rompiendo códigos de comunicación, y les respondo rómpanlos. Además yo me identifico con eso”. (Véase Brecha, 15-IV-05).
Pedro es un rugbista de Carrasco que reivindica los valores del deporte y comparte con sus hermanos el gusto por el campo. Aprecia el discurso de Sarkozy, pero no quiere ser encasillado en izquierda o derecha, clasificación que considera antigua. Así lo afirman sus seguidores y así lo reconoce él mismo. En entrevista en radio Océano dijo que admira la preocupación social de Batlle y Ordóñez pero también la eficiencia de Gestido, la firmeza de Pacheco, la apertura al mundo de Jorge Batlle, la postura económica de Bill Clinton y hasta algunas cosas de Tabaré Vázquez.
A FAVOR. Uno de sus recientes adeptos explica por qué lo apoya: “En medio de la debacle colorada aparece un candidato libre, arriba de él le déluge, no hay nada, no tiene jefe, no responde a nadie, no le debe a nadie. Lo apoyo, sí. Primero porque lo conozco, trabajé con él. Sé que hizo una buena gestión en Marcas y Patentes. Luego entregó los cinco mejores años, cuando se hace plata como abogado, al Ministerio de Turismo. Ya era un buen candidato pero ahora el fa, en la figura del presidente Vázquez, el 19 de junio le quita toda la culpa, se lo agradece dos veces: el padre está preso y el hijo está en la plaza, el presidente se le acerca y le dice ‘gracias por venir, especialmente a ti te lo agradezco’. Ése es el Nunca más en el que él se legitima”.
Este simpatizante comparte con Bordaberry la idea de que las ideologías son cosas del pasado. El batllismo es como el socialismo, dice, “principio y fin, no se puede seguir hablando de Grauert, de Batlle y Ordóñez, la filosofía del pensamiento, la ideología”.
Por ahora se han pronunciado dispuestos a apoyar a Bordaberry, Ope Pasquet (véase entrevista), Federico Stirling, el senador Alberto Brause, Germán Coitiño (Salto), Diana Saravia (Rivera), el edil Claudio Aguilar (Flores), Santiago Zumarán, Leandro Pauletti y Andrea Russo, entre otros. Pero el objetivo de Vamos Uruguay es la conquista de figuras como Alejandro Atchugarry, Eduardo Zaidensztat y Luis Mosca. No la tienen fácil, ya que esas figuras son disputadas desde varias tiendas.
Puede ser que Bordaberry logre distanciarse de la sombra paterna, pero tendrá que resolver en esa tarea qué hacer con allegados como Daniel García Pintos, directamente vinculado a la dictadura y a posiciones de una derecha extrema y populista, o con Alberto Iglesias, identificado con Pacheco Areco.
EN CONTRA. Las tendencias demócratas sociales del batllismo iniciaron también, en respuesta al movimiento de Bordaberry, una serie de conversaciones tendientes a conformar un espacio socialdemócrata. Integran este sector el ex vicepresidente Hugo Fernández Faingold, el ex senador Alejandro Atchugarry o, en su defecto, con más vocación política y representándolo, Eduardo Zaidensztat, y el ex senador Flores Silva.
Flores Silva, que integró, como Pasquet, la Corriente Batllista Independiente se molesta cuando Brecha pregunta si es cierto que la cbi se va con Bordaberry: “Es una locura, dice, la cbi era conducida por una comisión de cinco personas: Daniel Lamas (diputado), Javier Bonilla, Luis Mosca, Julio Iglesias y yo. No sé qué harán Mosca o Iglesias (ambos vienen del gau) pero Lamas y Bonilla de ninguna manera irán con Bordaberry”. Según Flores Silva, el Partido Colorado tiene el drama de haber sido en sus inicios partido republicano, es decir, de haber establecido un sistema de garantías que permite que los poderes fácticos no se impongan sobre los ciudadanos, y luego haber pasado a ser el partido que representa a los poderes fácticos. “Inevitablemene el partido que pega un giro a la derecha a fines de los sesenta y que termina representado por Jorge Batlle y Sanguinetti, iba a parir un candidato de derecha, que inevitablemente también iba a representar una sucesión no batllista sino riverista, es decir, colorada conservadora”, sostiene.
A ese proceso de desviacionismo del batllismo, entiende Flores, le puede suceder que el riverismo –en términos históricos naturalmente– le gane al batllismo, y Bordaberry representa esa posibilidad. “Son muchos los batllistas que no apoyan en ningún caso a Bordaberry porque no representa al batllismo, ni siquiera al batllismo desnaturalizado, sino el antibatllismo del partido.”
EN SUMA. El nuevo panorama político, enmarcado por el espíritu del Nunca más de carácter centrista, como señala Garcé, y la no reelección de Vázquez, ayudó al desentumecimiento de la oposición. Por el momento, cada fuerza estira sus patas y mide sus huestes, sin formular siquiera intenciones de coordinar un programa mínimo común en vistas de las elecciones. Jorge Batlle es el único político que hizo explícita su intención de buscar un acercamiento con el Partido Nacional, aunque no adelantó ninguna propuesta. No parece cercano el momento en que blancos, colorados y el Partido Independiente se decidan a coordinar en términos programáticos como lo hizo la izquierda en 1971. Si las circunstancias obligan, acordarán puntos básicos (en general de distribución de cargos) en vísperas de un eventual balotaje. Por otro lado, no hay indicios serios que permitan augurar una pérdida de liderazgo del fa en el espacio de centroizquierda. Falta ver si el pragmatismo de una figura emergente como la de Bordaberry, o la persistencia de Larrañaga logran encabezar una alternativa de derecha gerencialista y abierta, capaz de articular entre sí y con la izquierda.
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