DEBATE
Desigualdad y pobreza
Hoy, 7 de julio, la atención del mundo estará centrada en el calentamiento del planeta, cuando millones de personas sigamos los conciertos de Live Earth. Éstos nos recordarán la necesidad urgente de adoptar medidas, algunas de ellas pendientes desde hace mucho tiempo, para impedir que el cambio climático cause estragos en el planeta. La fecha no se ha elegido al azar: el 7 de julio (07-07-07) reviste un valor simbólico, pues coincide con el cumplimiento de la mitad del plazo de quince años fijado para conseguir los objetivos de desarrollo del Milenio (ODM).
Nuestro propósito es recordar este hito, porque constituye una buena ocasión para reflexionar y comprometerse. En el 2000, líderes de todo el mundo reunidos por las Naciones Unidas acordaron tomar medidas para luchar contra la pobreza mundial. Se fijaron unos objetivos para resolver los problemas más duraderos del desarrollo humano, junto con un plazo para alcanzarlos.
Recorrida la mitad del camino, nos enfrentamos a una realidad decepcionante: los avances logrados hacia la consecución de los ODM ni siquiera se aproximan a la mitad. De ahí que en un día como éste, 07-07-07, mientras nos concentramos en el calentamiento global, debamos recordar nuestra responsabilidad en la erradicación de la pobreza. Tanto más cuanto que son precisamente los más pobres quienes resultarán más castigados por el calentamiento global. África está en una situación de riesgo especial, pues los pobres de ese continente serán los primeros y más perjudicados. Necesitamos una acción urgente, decidida y concertada en los dos campos. No podemos enfrentarnos al calentamiento global sin dedicarnos activamente a promover el desarrollo y la consecución de los ODM.
Como responsables de la cooperación española, italiana y portuguesa, estamos decididos a cumplir nuestras promesas y queremos alzar la voz. Para ello, sumaremos nuestras fuerzas a la campaña del Milenio de la ONU con la firma de una declaración, porque no sólo queremos recordar que ya ha pasado la mitad del plazo, sino intensificar nuestros esfuerzos y trabajo común. Cada uno de nuestros países se ha comprometido a llegar en los próximos años al objetivo internacional de ayuda al desarrollo, fijado en el 0,7% de la renta nacional. Sabemos que este incremento implica un desafío económico y organizativo que exige una planificación detallada y avances constantes. Por ello, nos comprometemos a trabajar con ahínco en el seno de nuestros gobiernos y países con el fin de sentar las bases necesarias para cumplir esta promesa. Ha llegado el momento de pasar de las palabras a los hechos. Aunque reconocemos que se necesita más ayuda, creemos firmemente que es esencial una ayuda mejor. En el pasado se han dado demasiados casos de donantes que la aportan sin otra finalidad que la de conseguir oportunidades comerciales u ondear su bandera. Este modelo ha dado lugar a numerosos proyectos pequeños y descoordinados que, aun cuando hayan tenido resultados positivos, apenas repercuten en el nivel de desarrollo: son islotes en medio de un océano de desesperanza que se desmoronan en cuanto se marcha el donante.
Este tipo de cooperación para el desarrollo, sin coordinación y coherencia, no nos ayudará a alcanzar los objetivos del Milenio. Lo que se necesitan son políticas de ayuda centradas en las necesidades de los países y que apoyen los esfuerzos que tengan un origen auténticamente local. Este enfoque requiere estructurar una cooperación descentralizada, en la que estén implicados la sociedad civil y los socios locales. Necesitamos más y mejor ayuda.
Por este motivo, nuestros tres países, junto con otros, firmamos en su día una amplia agenda para incrementar la eficacia de la ayuda. Esta agenda, conocida como la declaración de París, es un programa de trabajo amplio y ambicioso, aunque también razonable y realista.
De ahí que aprovechemos la oportunidad que representa el 07-07-07 para aseverar que vamos a redoblar nuestros esfuerzos para poner en práctica la declaración de París. Trabajaremos de una forma cada vez más concertada en lo que respecta a nuestra ayuda, sobre todo en África. Organizaremos programas conjuntos, reduciendo así en una tercera parte la carga administrativa que supone para los países en desarrollo e intercambiaremos opiniones y prácticas para incrementar nuestra eficacia. En resumen, caminaremos juntos para hacer más cosas y, lo que es más importante, para hacerlas mejor.
Vamos a concertar nuestras actuaciones y pedimos a todos que hagan lo propio. Sin una acción decidida y común, el 07-07-07 será una oportunidad desaprovechada. Y, al igual que ocurre con el calentamiento global, no se pueden perder más oportunidades. Al fin y al cabo, somos la primera generación que cuenta con recursos, tecnología y conocimientos necesarios para erradicar la pobreza. No tenemos excusa.
Patrizia Sentinelli (Italia), João Gomes Cravinho y Leire Pajín Iraola (España) y Eveline Herfkens (ONU)

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