COMO no tengo vocación alguna de aguafiestas, comenzaré diciendo que me alegro por los beneficiarios de la pedrea de los 2.500 euros. ¡Que sus hijos nazcan con salud y que todos disfruten del regalo!

Pues eso -un regalo a cuenta de las promesas para las próximas elecciones generales- es lo que anunció el martes en el Congreso el presidente del Gobierno. Dejemos de lado el inoportuno lugar y el insólito momento elegido por Zapatero para mostrar su generosidad con el dinero que el Estado nos saca a todos del bolsillo cada día, pues hablar en España de formalidades democráticas va siendo ya como hacerlo de tomar daiquiris y bailar cumbias en Laponia.

Sí, obviemos el oportunismo que explica la inoportunidad presidencial y centrémonos sólo en el fondo del asunto, que no es otro que el siguiente: ¿debe un Gobierno establecer una subvención por nacimiento que, por lineal e indiscriminada, favorecerá en igual medida a quienes utilizarán los 2.500 euros para hacer frente a necesidades perentorias y a quienes podrían pasarse sin ellos sin notarlo?

La respuesta correcta a esa pregunta exige subrayar un hecho que es tan evidente como socialmente opaco: que el Gobierno no administra otros dineros que los que los españoles pagamos a través de los impuestos directos e indirectos. Para entendernos, que el presidente del Gobierno no es Bill Gates, quien, cuando acomete obras sociales, dispone de su propio patrimonio y puede, por tanto, hacer con él lo que le pete.

Los Gobiernos -el nuestro y los demás- son, por el contrario, generosos o cicateros con pólvora del rey, y esa es la razón por la que, sin negarles la legitimidad que tienen para gastar en lo que estimen oportuno, cabe exigirles que sus decisiones estén justificadas socialmente.

¿Lo está la anunciada el martes por nuestro presidente? Es muy dudoso. Lo es, en general, pero es más dudoso todavía cuando el presidente pertenece a un partido cuya tradición -la de la izquierda- es la de la redistribución, y no la de la contrarredistribución fiscal.

Sin embargo, para pasmo de todos, los que seguimos creyendo que los impuestos son un instrumento fundamental para hacer justicia en las sociedades democráticas, ahí estamos con esta izquierda posmoderna que hoy se ha adueñado del PSOE: suprimiendo los peajes, para que el servicio no lo abone el usuario sino el contribuyente, y utilizando el dinero de los asalariados, que pagan con gran esfuerzo sus tributos, para subvencionar el nacimiento de los hijos de quienes bien podrían gastarse en flores los 2.500 euros ahora prometidos, sin otro objetivo que el de pescar votos en todos los pilones.