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6 Julio 2007

Israel-Palestina: dos pueblos, un Estado, una solución, de Rosa Meneses en El Mundo

CONVULSION EN ORIENTE PROXIMO: Los desafíos

Ilan Pappé y Virginia Tilley abogan por crear una democracia laica donde palestinos e israelíes vivan en igualdad

Sudáfrica es la solución. El conflicto palestino israelí puede ver en este país la radiografía de sus propias perversiones, pero también la receta para un futuro mejor. La solución para el conflicto que desde hace más de medio siglo enfrenta a palestinos e israelíes está contenida en una sencilla fórmula: dos pueblos, un Estado.Hay que mirar un mapa para entenderlo. Los asentamientos de colonos judíos desperdigados por Cisjordania (los de Gaza fueron desmantelados en agosto de 2005), el muro que Israel ha levantado en el territorio y la sucesión de controles y asedios militares del Ejército han hecho inviable que los palestinos posean una base territorial.Divididos en guetos o bantustanes inconexos, los palestinos no pueden asentar su Estado sobre estas pequeñas islas. Así, lo ideal es que israelíes y palestinos vivan en un territorio común, sin ciudadanos de primera y de segunda clase, sin apartheids, sin muros y sin que la religión se inmiscuya en la política: un Estado laico donde todos puedan vivir en paz.«La solución de los dos estados ha muerto», declara Virginia Tilley, coordinadora del área de Oriente Medio en el Consejo de Investigación de Ciencias Humanas de Pretoria (Sudáfrica). «La persistencia del conflicto demuestra que las personas que trabajan en su resolución lo están haciendo sobre una fórmula equivocada. Hay que repensar un nuevo paradigma. La teoría de los dos estados es errónea. La única solución para este problema es crear un solo Estado», explica Ilan Pappé, profesor de Historia en la Universidad de Haifa y autor de libros de referencia como Historia de la Palestina moderna (Akal).Los defensores de la tesis de un solo Estado admiten que se trata de una vía a largo plazo que implica cambiar mentes y sociedades. «La opción de un solo Estado es viable, pero no hoy. Ahora tenemos una crisis grave, necesitamos una fuerte intervención de la comunidad internacional para detener las políticas criminales de Israel. Esto creará una base para trabajar por un futuro diferente, un proyecto para alcanzar algo mejor», explica Pappé. «Será viable, por la demografía, por el pequeño tamaño de la tierra, por los recursos limitados... Hay que construir una nueva sociedad, acabar con la discriminación», prosigue.Tilley, demoledora, afirma: «Ya existe un solo Estado. Israel lo controla todo. Es un Estado con enclaves aislados en los que los palestinos están forzados a vivir. La cuestión es qué Estado queremos: ¿un apartheid? ¿una etnocracia? ¿o un Estado secular y democrático?». La primera consecuencia que este cambio de naturaleza tendría para Israel es que debería dejar de ser el Estado judío para convertirse en una entidad laica y multicultural. Otras consecuencias positivas es que esta opción tendría incontestables beneficios en la estabilidad de los países vecinos: el Líbano, Siria, Jordania, Egipto, Irak... La región sería más estable. «Israel dejaría de ser una fortaleza para ser parte integrante de Oriente Próximo», concluye el israelí Pappé.«Nuestra tarea es hacer esta solución imaginable. Hacerla necesaria. Problemas como ponerse de acuerdo sobre un nombre o una bandera pueden resolverse en unas negociaciones. Lo primero es crear un consenso entre los pueblos a favor de una solución no impuesta de un Estado», añade la investigadora, que acaba de publicar en España su libro Palestina/Israel: un país, un Estado (Editorial Akal).Pappé y Tilley tienen la intención de promover una campaña internacional para que las sociedades y sus gobiernos comiencen a trabajar sobre este escenario. Con este propósito han visitado Madrid, invitados por la Universidad Nómada, donde han participado en los Cursos de Verano de El Escorial, en uno de cuyos recesos se entrevistaron ayer con EL MUNDO.En un clima de optimismo, los dos pensadores desgranaron una idea que ya fue contemplada (pero finalmente descartada) por la ONU en 1948 y que fue apoyada en su momento por Albert Einstein y Hanna Arendt. «Los líderes políticos de Israel no quieren ni la paz ni la democracia ni siquiera dos estados. Quieren controlarlo todo. La elite política israelí no es un socio a considerar en este proyecto. Son corruptos, estrechos de miras y, para colmo, han perdido una guerra y nos quieren llevar a otra. La sociedad es más compleja. Ha sido manipulada por los gobiernos israelíes, que han utilizado sus miedos y su Historia para sembrar la mentira de la fundación de Israel. No les dijeron que Israel expulsó por la fuerza a casi un millón de palestinos en 1948», señala el profesor israelí, considerado como un historiador revisionista y objeto de fuertes presiones y amenazas en su país por su criticismo.Palestina está viviendo una de sus peores crisis. «La situación está en un punto muerto. No podemos seguir así. Israel y EEUU no podrán crear un Hamastán y una Fatahlandia. Habrá una mini guerra en Cisjordania y los israelíes se verán forzados a decidir entre la guerra total en la región o reconocer a Hamas y sentarse a negociar un modus vivendi», vaticina Pappé.

@FIRMA:ROSA MENESES

© Mundinteractivos, S.A.

Tags: rosa meneses

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