Llegó al Gobierno ilusionando, pero ha resultado ser un ilusionista, que no es exactamente lo mismo. Porque una cosa es despertar ilusión y otra muy distinta practicar el ilusionismo. Zapatero tiene la capacidad de sacarse conejos de la chistera cuando se le han acabado los argumentos en el debate político. Cuando parece que anda más apurado en la disputa parlamentaria, muestra un nuevo número de prestidigitación y el auditorio queda fascinado por el truco, olvidándose de la refriega. La discusión deja de ser el asunto principal y el debate pasa a centrarse en el pase mágico. En este sentido, es lo más parecido a Eisenheim, el personaje que interpretó en el cine Edward Norton en El ilusionista y que hizo pensar que realmente lo suyo no eran juegos de prestidigitación, sino fuerzas sobrenaturales.
Su último número de magia fue presenciado por el Congreso de los Diputados, justo cuando Duran Lleida le acababa de reclamar más sentido de Estado para resolver los problemas de España, tras advertir que en el país son muchos los que sentían vergüenza ajena ante el enfrentamiento entre el grupo mayoritario y el principal partido de la oposición. Entonces el presidente del Gobierno le anunció el traspaso de los trenes de cercanías a la Generalitat en enero del 2008.
La oferta de Zapatero deslocalizó el debate y tuvo efectos inmediatos en Catalunya, donde en veinticuatro horas se pasó de hablar de lo mal que funciona el servicio de cercanías de Renfe a discutir de quién es el mérito del traspaso. Por ejemplo, Joan Saura, de ICV, atribuyó el anuncio presidencial a la negociación de los últimos días entre el Govern y el Gobierno, en la que ha participado activamente. Joaquim Nadal, del PSC, también salió al paso diciendo que esta transferencia se la había anunciado previamente Zapatero al president Montilla. Mientras Felip Puig se apuntaba el tanto en nombre de CiU y se congratulaba de que el presidente dejara fuera de juego al tripartito. Por último, ERC, por boca de Joan Puigcercós, dijo que todo era una tomadura de pelo porque el Gobierno había anunciado el traspaso en el Parlamento en lugar de hacerlo en la comisión mixta.
No fue el único pase mágico que se sacó de la manga el jefe del Ejecutivo en el Congreso, porque en mitad de la galerna del PP sobre ETA, anunció una ayuda de 2.500 euros por cada hijo nacido. El día que lo deje, este hombre es capaz de desaparecer para siempre como Hudini o de descolocarnos perpetuamente como Eisenheim. Para algo es el ilusionista.

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