CANELA FINA

La evolución de las encuestas solventes apuntan a que las elecciones generales darán una victoria ajustada a Mariano Rajoy, salvo que circunstancias imprevistas tan frecuentes en política alteren la situa-ción. El PP se situaría poco más o menos en los 160 escaños. Después de varios años de una equivocada política de alianzas, la reciente rectificación en Canarias permitiría a Rajoy, que derrotó a Zapatero a los puntos en el mitin del martes en el Congreso, contar con los votos de la Coalición insular para su eventual investidura. Pero como eso no sería suficiente, los escaños que le faltan debería aportarlos Convergencia puesto que Zapatero no respetará al vencedor de las elecciones, sino que formará, si le fuera necesario, hasta un pentapartido, haciendo todas las concesiones precisas para no abandonar su ma-driguera de Moncloa.¿Qué probabilidades hay de que Convergencia apoye a Rajoy? Debería haber muchas puesto que PP y CIU son partidos de ideología similar y pertenecen a la misma Internacional. Sin embargo, hace un año se produjo un acontecimiento del que no recuerdo precedentes en mi larga vida profesional: CIU se fue a un notario para certificar que en ningún caso colaboraría con el PP tras las elecciones catalanas.Como la tentación del poder hace muchas veces la boca Dom Perignon a los políticos, convengamos en que esa pirueta notarial tal vez se modifique. Pero ¿qué le puede ofrecer Rajoy a Mas en Cataluña? La verdad es que casi nada. El PP es ya el cuarto partido en aquella región, sin escaños suficientes para otorgar mayoría a los convergentes. Tampoco Rajoy puede hacer concesiones con el Estatuto, ya que lo tiene recurrido ante el Tribunal Constitucional, aparte de la hemorragia de votos en toda España que supondría ceder es ese terreno.¿Qué le puede ofrecer Zapatero a CIU? Pues está claro. Mi submarino en Moncloa, siempre certero en las informaciones que me filtra, me asegura que el think tank ultima un plan contundente que se resume así: «Tú, Mas, me das la presidencia en Madrid y yo, Zapatero, te la doy en Barcelona». Convergencia fue el partido vencedor en las elecciones catalanas. Bastaría una sencilla operación política para que Mas con el apoyo socialista se conviertiera en presidente de la Generalidad. A cambio, los escaños ganados en las generales por Convergencia irían a parar al líder socialista en lugar de a Rajoy, cegando al dirigente popular el acceso a Mocloa. Zapatero I el de las mercedes supone además una garantía segura para mantener el Estatuto al menos como está e, incluso, para hacer nuevas concesiones si fuera preciso. Cree el think tank monclovita que Montilla se sometería dócilmente a esta operación, si bien se producirían resistencias entre algunos de los dirigentes del PSC. Así es que el camino no sería de rosas.Las cosas pueden cambiar, claro. Pero ésta es la situación actual. Aun vencedor Rajoy, ocuparía de nuevo la Presidencia del Consejo de Ministros, Zapatero por medio una fórmula legal, que no legítima, derivada de las perversa ley electoral que padecemos y que ha producido, por citar solo dos últimos casos, desplazar del poder en Galicia y Mallorca al partido que venció de forma abrumadora en los comicios.Hay algunos meses por delante, tal vez muy pocos, pero si Rajoy no alcanza los 170 escaños, difícilmente gobernará. Zapatero, en sus decisiones, no era tan frívolo ni tan ligero como decían los populares. Al cambiar de socio constituyente para las grandes decisiones de Estado, al sustituir al PP por los partidos nacionalistas, fracturando el espíritu de la Transición, se estaba asegurando unas alianzas que pueden mantenerle en el poder a corto plazo, a costa, eso sí, de que a medio y largo plazo se fragilice la estabilidad de España y su unidad nacional...

Luis María Anson es miembro de la Real Academia Española

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