DEBATE
Catalunya hoy
Qué es lo que hace que un país avance y progrese? ¿Qué factores impulsan a una sociedad a alcanzar un objetivo? Preguntas complejas que no tienen una respuesta simple. Con todo, en Imagen de futuro, Fred Polak, un político holandés que dedicó mucho tiempo a cavilar sobre estas cuestiones, presenta una tesis que abre una línea de reflexión muy interesante: los países que evolucionan son aquellos que poseen o han definido una imagen de futuro.
En otras palabras, aquellas sociedades que han formulado una visión de lo que quieren ser progresan; las que carecen de ella se estancan y declinan. De alguna manera, un objetivo deviene no sólo la referencia de lo que se quiere conseguir, sino también la fuerza impulsora para lograrlo. Por esta razón, carecer de visión de futuro acostumbra a ser indicativo de parálisis social.
Muy a mi pesar, creo que ésta es la situación de Catalunya hoy en día. Ahora mismo, Catalunya carece de objetivos, no tiene referencias de futuro y, lo que es peor, no parece que posea la capacidad de articularlas. Si para alguna cosa ha servido el culebrón del Estatut d´Autonomia de Catalunya es para evidenciarlo crudamente: si una norma de rango constitucional, con toda la potencia estratégica que conlleva, no ha servido para que se hayan podido definir hitos de futuro, ya me dirán ustedes qué es lo que lo conseguirá.
Y así nos va: no existe proyecto social, económico ni político; vivimos estancados en el regate en corto; no hay previsión ni anticipación de ningún tipo y todo se fía a la capacidad de reacción. Cualquier tema de futuro se considera con una cortedad de miras espeluznante y por eso, las más de las veces, lo que se consigue es pan para hoy y hambre para mañana, y como muestra me remito nuevamente al caso del Estatut.
La historia moderna de Catalunya demuestra que los periodos de crecimiento y esplendor han coincidido con momentos de efervescencia social y fe en el futuro. Momentos en que, en coincidencia con la tesis de Polak, un ideal de progreso ha impulsado a la sociedad civil catalana a concebir grandes proyectos ciudadanos; la Renaixença sería un ejemplo perfecto de lo que estoy hablando.
Pero hoy en día la sociedad civil catalana está débil y fragmentada, sobre todo a causa de una clase política que ha hecho todo lo que ha podido para satelizarla, subsidiarizarla y diluirla.
Como consecuencia de ello, Catalunya está huérfana de proyectos de futuro que generen un mínimo entusiasmo. Y a pesar de todo esto, la clase política catalana sigue sin dar muestras de visión estratégica y se enzarza en pugnas de vuelo gallináceo en las que todo se reduce a demostrar que los oponentes políticos lo hacen, o lo harían, peor.
Pero todavía hay esperanza. El proceso de adjudicación de la terminal Sur del aeropuerto de El Prat ha provocado un movimiento cívico que demuestra que la sociedad civil catalana aún tiene pulso y, ante grandes cuestiones, todavía retiene la facultad de trascender lo inmediato para valorar los proyectos en función de sus implicaciones de futuro. Es decir, aún existe la capacidad de formular proyectos de país. Éste es el camino que se ha de seguir.
Si Catalunya ha de progresar, la sociedad civil debe despertar de su letargo y liderar un proceso colectivo para definir una visión que defina propuestas económicas, sociales y políticas a medio y largo plazo. La disyuntiva es clara: o consensuar colectivamente una visión que permita la construcción del futuro o condenar a las próximas generaciones a adaptarse a condiciones sobre las que no tendrán control.
JORDI SERRA, director del Periscopi de Prospectiva i Estratègia.

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