Oz y Grossman, en España, de Marcos-Ricardo Barnatán en El Mundo
OJO AVIZOR
En poco menos de una semana se han concedido dos relevantes premios españoles a dos de los más importantes escritores israelíes contemporáneos. El primer galardonado (Premio Príncipe de Asturias de las Letras) fue el novelista jerusalmitano Amos Oz (1939); a los pocos días recibió el Premio de Literatura de la Fundación Internacional Cristóbal Gabarrón el narrador David Grossman (1954). De esta manera se subrayaba el trabajo literario y la labor intelectual de dos grandes escritores extranjeros, comprometidos ambos con la busca de la paz en el viejo conflicto árabe-israelí. Buenas noticias que parecen venir a dar un poco de aire nuevo a esa atmósfera tan viciada, en la que prevalecen las voces y las noticias más pesimistas y sectarias.
Tanto los libros de Oz como los de Grossman están suficientemente traducidos al castellano como para que el público pueda calibrar la importancia de sus novelas y ensayos; además, sus frecuentes artículos en la prensa internacional evidencian su militancia por dos banderas tradicionales del pueblo judío en su larga lucha por la libertad: la vigencia plena de los derechos humanos y los valores democráticos, sin distinción de credos o nacionalidades.
El que instituciones culturales españolas reconozcan y premien a personalidades así es algo nuevo, quizá a contracorriente de tanta aparente manipulación de los hechos que acaba ofreciendo sólo las anécdotas más desgraciadas del conflicto, las que sólo colaboran a una demonización sin matices de los israelíes y de su Estado. En estos mismos días hay otra noticia que abre espacios para el diálogo: el gran poeta palestino Mahmud Darwish (1941), símbolo del exilio y el sufrimiento de su pueblo, ha sido autorizado a viajar a la ciudad israelí de Haifa, donde se celebrará un seminario de estudio y homenaje a su obra literaria.
El conocimiento es siempre anterior al reconocimiento. Por eso, la paz tiene que pasar por las voces de los escritores más lúcidos y empeñados de la región, para que empujen la acción de los políticos. Sólo conociendo y reconociendo al otro podrá abrirse un camino que deseche los prejuicios que envenenan.
¿El futuro? El choque palestino-israelí tiene un valor simbólico que sobrepasa la propia territorialidad, para ser una marca ideológica no sólo en los países árabes sino también en Occidente. Una marca pasional, y muchas veces irracional, contra la que gente como Amos Oz y David Grossman emplean no sólo su capacidad creadora y literaria sino también su ejemplar y constante presencia cívica.
Los dos premios proceden de fundaciones y representan, de alguna manera, el sentir de una buena parte de la sociedad española. Cuando se entreguen a los galardonados en dos actos igualmente solemnes en Oviedo y en Valladolid, contarán con la presencia de altas instituciones de nuestro país, lo que los convierte en algo más que un mero acto de buena voluntad. Y creo que nos debemos felicitar.
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