Izquierda Unida “corrige” a ZP, de Lorenzo Contreras en Estrella Digital
Con tono mesurado, pero con dureza de fondo, la única izquierda clásica que va quedando en el Congreso de los Diputados —no otra que Izquierda Unida con su complemento catalán IU – Verts —estableció ayer la variante crítica del PP frente a Zapatero. En efecto, Gaspar Llamazares planteó cuestiones que hicieron mella en el rostro habitualmente tranquilo del presidente del Gobierno. Por la sencilla razón de que le hablaban de “lo suyo”, de lo que no le agradaba oír: cuestión social, empleo, beneficios del capital, salarios y basculación de la realidad económica hacia tres magnitudes propicias a las rentas del negocio instituido: los servicios, el consumismo y el ladrillo como metáfora o síntesis del imperio de la construcción.
Llamazares anticipó que no pensaba hablar críticamente en negro, como el PP de Rajoy, sino en gris para quedar en zona intermedia y dentro del ámbito de la discreta buena relación con el zapaterismo. Alabó sus reformas, o algunas de ellas, pero dijo no contentarse su grupo con meras reformas. Esa Izquierda más o menos unida prefiere cambios y menos reforma como concepto básico y programa fijo.
La incertidumbre —según Llamazares— en la cuestión estatutaria, la reforma estancada de la Justicia y no descentralizada (?), la política exterior a medio camino entre la alianza de civilizaciones y la compensación a Estados Unidos por lo de Iraq (Afganistán, Líbano, etc.), y, de modo especial, el urbanismo “descontrolado” en “armonía” con el empleo precario, sin perjuicio de que, en opinión del portavoz de IU, el señor Zapatero no dedicara en el debate inicial sobre el estado de la Nación ninguna referencia a la especulación urbanística, fueron, entre otros puntos temáticos, algunos de los aspectos fundamentales de la intervención del coordinador de IU.
Interesante fueron también los enfoques que Llamazares, en cuanto representante cualificado de la izquierda oficial subsistente, dedicó a una de las preocupaciones fundamentales de su grupo: la perspectiva de un adelanto de las elecciones generales. El parlamentario interviniente pidió “no amortizar la legislatura” para así no someterse a la pauta que intenta implantar en el ritmo de la política española la organización terrorista ETA. A propósito de ETA, Llamazares acusó a “la derecha”, sin concretar ramas, de haber boicoteado la tregua etarra mediante el procedimiento de negarse a un entendimiento o consenso en la materia de la pacificación por la vía de la negociación, aunque en este aspecto no se mostró muy explícito. Sólo manifestó que existía y existe una necesidad de acuerdo entre las fuerzas políticas.
La intervención de Llamazares fue complementada por el representante de IU – Verts, variante catalana del grupo, Joan Herrera. Este diputado se quejó, en relación con el Estatuto de Cataluña, de que existe un problema previo en cuanto a la voluntad de cumplirlo o ponerlo en marcha cuando el momento llegue.
Herrera acusó a Zapatero de establecer entendimientos políticos con la derecha nacionalista, hasta el punto de haber “pinchado el globo de la ilusión” que en otra dirección se mantenía. Pidió una intensificación de los contenidos del proyecto de Memoria Histórica. Consideró, en efecto, que falta una condena en profundidad de la ideología franquista, y, en relación con este aspecto de las aspiraciones de IU – Verts, reclamó el cumplimiento de dos objetivos: completar la “política de archivos” históricos en el sentido del reparto y, en segundo término, cerrar el Valle de los Caídos. No olvidó Herrera una crítica contra los acuerdos de financiación con la Iglesia Católica por parte del Gobierno.
En resumidas cuentas, esta sucinta referencia habla con claridad de la mentalidad que Zapatero tiene a su izquierda, más allá, por supuesto, del PSOE.
