05/07/2007 - 10:50 h

Cada minuto que pasa resultan más visibles las consecuencias de todo orden que está produciendo el pacto no escrito entre la Federación Socialista Asturiana y el Partido Popular –una operación del Partido Socialista en la que el PP ejerce de comparsa estabulable-, para quitar de en medio a Izquierda Unida, una fuerza política que se degrada día a día hasta límites inimaginables para quienes no conozcan personalmente, y a fondo, el nivel de deterioro de sus dirigentes, tras cuatro años explotando sus votillos, hablando de libertad, justicia, ecología y socialismo, para acabar montando un lobby, una auténtica agencia de colocaciones, que trabajaba seriamente en la idea de crear un grupo político nacionalista desde el gobierno, financiado desde la capacidad de la Consejería de Cultura para repartir dinero entre los futuros conmilitones de un proyecto estomacal, vestido con disfraz de baratillo.

Javier Fernández ha tenido la diligencia y la inteligencia de esconder sus intenciones hasta el último segundo, engañando a todo el mundo, y muy especialmente al periódico La Nueva España, cuyo titular dando el gobierno por hecho el sábado 30 de junio, fue decisivo para nublar el ya embotado cerebro de los dirigentes de IU, que se lanzaron por la pendiente a la que les conducía, el que cada día aparece más claramente como malo de la película, el consejero de Justicia saliente, Francisco Javier García Valledor, que junto con Rafael Palacios, con quien coopera –juntos se ventilaron en sus ocios creativos cifras ingentes en la agencia de viajes llamada Agencia de Cooperación al Desarrollo- desde el principio para atenazar los equilibrios internos. Valledor y Palacios, sociedad en comandita, creían tener cogida la medida de la situación, para llevar adelante su plan de crearse un ejército de Pancho Villa a cuenta del contribuyente, con la intención de prolongar hasta el infinito su comedia.

Sus papeles fueron determinantes en esta colisión múltiple que deja la autopista “Y” llena de humeantes vehículos con los capós levantados lanzando al aire chorros de vapor. De tanto correr de Oviedo a Gijón, de Gijón a Avilés y de Avilés a Oviedo, acabaron por estamparse unos contra otros, dejando una montaña de hierros retorcidos para los fotoperiodistas, encabezados por Javier Bauluz, singular cronista que administra por cuenta del Ayuntamiento de Gijón las entrevistas escritas en Villabona para que no las lea nadie.

El Comercio revela con bastante más claridad que La Nueva España, en un excelente artículo firmado por J. R. Enguita y A. Suárez, los infructuosos intentos de Gaspar Llamazares –el gran damnificado- por mantener su chiringuito asturiano, que le deja en Madrid a los pies de los caballos frente a los comunistas de Francisco Frutos, pues aquel que no es capaz de cuidar su propio territorio, el que le garantiza los cuarteles de invierno para la retirada de la aventura española, difícilmente podrá seguir desarrollando su juego en las procelosas aguas políticas de la Villa y Corte, frente a quienes tienen preparada una hoz para cortarle la cabeza primero y un martillo para machacársela después.

Los ciudadanos están viendo con transparencia inesperada, la verdadera cara del pacto que hasta ahora tenían el PSOE e IU, por la imprudencia de la que están haciendo gala los dirigentes de la “coalición”, pues no se puede pasar del ruego a la amenaza y de la amenaza al ruego, de la prepotencia a la humillación y de la coba a la chulería, cinco veces al día, sin enseñar de manera patética la absoluta falta de convicciones que se encierra detrás de este espectáculo circense. Todo el mundo, hasta los ciudadanos más cándidos, sospechan lo que se oculta detrás de la retórica, pero hay ocasiones en las que la verdad aflora con su hedionda crudeza con más fuerza que otras.

El papel de Jesús Montes Estrada, respaldando en todo momento las decisiones de Paz Fernández Felgueroso, al mantener en todo momento –negándolas, eso sí, con cinismo insuperable- las reclamaciones económicas y las actuaciones administrativas del ayuntamiento gijonés, en el procesamiento de los dirigentes sindicales Cándido González Carnero y Juan Manuel Martínez Morala, está siendo mucho más importante en este proceso de lo que podría pensarse a simple vista. Cándido y Morala lo denuncian con la claridad del justo que padece por causa de la justicia.

Es la destrucción de la inocencia adormecida por el aroma inconfundible de la necedad subvencionada. Un choque histórico que al menos va a producir, como efecto positivo, una limpieza del escenario político asturiano sobre el que se ha derramado ya un gran bote de Zotal.

Los afiliados de IU, los votantes, los ciudadanos que creían que sus dirigentes mantenían alguna relación con las supuestas convicciones que se utilizan como pretexto para justificar su juego, empiezan a dar señales de enfado claras, que se manifiestan en la calle, en las conversaciones privadas.

--¿Cómo es posible que la política del Gobierno sea buena si nosotros estamos cobrando y mala si no cobramos? Pero si en la realidad no cambia nada--. Una reflexión muy cierta, pero algo si cambia. No todos los que cobraban siguen cobrando. No todos los comisionistas siguen teniendo “cacho”. No todas las empresas pillan. ¡He ahí el gran cambio!

La evidencia es la evidencia y hoy, coincidiendo con el discurso de investidura de un Vicente Álvarez Areces que aborda la etapa final de su carrera política, tan ligada a la tecnología de compra de voluntades en el mundo venal y degradado de IU, se llega a un límite difícilmente superable, cuando los electores perplejos pueden leer en toda la prensa asturiana, las amenazas, chantajes y presiones desencajadas, con las que personajes como Jesús Iglesias, el propio Montes Estrada o Fernando Díaz Rañón amenazan a un PSOE que todo el mundo sabe que va a gobernar exactamente igual, forme o no forme parte IU del ejecutivo, y que lo único que va a cambiar son los nombres de los personajes que liquidan su nómina de la tesorería del Principado, o de las empresas que se llevan la edificabilidad en algunas de las promociones inmobiliarias que se financian con dinero público.

Como en Poniente, bahía de Gijón, por ejemplo. Allí se lo llevó crudo Progea a cuenta de los pactos municipales PSOE-IU, diga lo que diga donde lo diga la gran Noemí Martín, la hija de Laura González, que esperaba heredar la consejería de Vivienda para legársela algún día a la nieta de Laura González -¡qué saga inmobiliaria se ha perdido! ¡qué poco feminista esto de encargar a las mujeres de la vivienda!-, no va a poder hablar de las “promociones con algún tipo de protección” con Serafín Abilio, por poner un ejemplo evidente de cambio. Abilio va a tener interlocutores un poco "menos progresistas"; ¡qué oportunidad perdida!

¿En qué afecta esto negativamente a los ciudadanos que van a tener que trabajar duro, todos los días, para poder seguir pagando la hipoteca? En nada, pues a ellos, que el intermediario de la operación sea el responsable federal de “Garantías” de Izquierda Unida, y amigo de Gaspar Llamazares, Manuel González (especialista en "metros cuadrados de alquiler" al que Llamazares consiguió el indulto para sacarle del trullo, donde estaba encerrado por cuestiones que nada tienen que ver con la destrucción de cajetines de plástico) o Perico de los Palotes, les da igual; el bollo de los bancos lo van a pagar con los euros ganados con el sudor de su frente.

Todos están atrapados en sus palabras, en sus grandilocuentes declaraciones y en su engaño cotidiano. Rañón y Churruca amenazan con romper los gobiernos de Avilés y Gijón, montados sobre acuerdos pactados en Madrid, firmados por los máximos dirigentes del PSOE e IU en Madrid, e incluso presentados a la prensa nacional, que aquí se ocultaron, para intentar dar la sensación de que esto es muy autónomo.

Es posible también, que los acuerdos municipales entre el PSOE e IU, firmados en Madrid, se ocultasen en Asturias por otra razón. Los estrategas del PSOE son palabras mayores, finos filipinos, escuchan la hierba crecer, y es más que probable que esta operación liquidación de IU, estuviese ya preparada en la cabeza de Javier Fernández hace tiempo.

El pacto municipal IU-PSOE lo presentó públicamente Álvaro Cuesta, que trabaja con Fernández codo con codo, en el hotel de empresas de Ferraz. Si tenían pensado cargárselos –como es muy probable-, está claro que no les convenía mostrar demasiado entusiasmo frente a los ciudadanos asturianos, en su entendimiento con los viajeros del carromato de feriantes que tenían pensado tirar por un barranco, dejando esparcidos por el talud los instrumentos musicales de la banda, el tridente del domador, los diabolos de los saltimbanquis y las narices rojas de los payasos.

Cada vez sabremos más cosas, porque si algo está claro, es que la necesidad va a estimular la locuacidad de quienes se han quedado con una incomparable y más que merecida cara de gilipollas.

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