LOS datos que recientemente se han ofrecido ante la opinión pública reflejan una mejora más que relevante en el mercado laboral de nuestra comunidad autónoma. Alcanzar una cuota de afiliación a la Seguridad Social de 403.212, a 30 de junio, personas cotizantes en el ámbito de una población que escasamente supera el millón de habitantes y en una región que no hace mucho estuvo castigada severamente por un proceso de reconversión industrial fruto de una crisis estructural sin precedentes, es, cuando menos, un motivo de satisfacción para quienes nos sentimos asturianos y, además, nos corresponde -cada uno en su justa medida- gestionar, controlar, atender y analizar el mundo laboral.
Existe, a mi juicio, un hecho significativo y no es otro que la diferenciación de los sectores productivos, y, más que diferenciación, me atrevo a decir que sustitución de unos sectores por otros. Tradicionalmente, la economía asturiana pilotaba en el sector primario: agricultura, ganadería, pesca e industria extractiva (minería del carbón, fundamentalmente), con la colaboración de la industria pesada, representada por una gran empresa publica (Ensidesa), creada al inicio de la década de los años 50 del pasado siglo, que llegó a ocupar gran cantidad de mano de obra, en concreto, 27.565 trabajadores. El resto de la industria contribuía, en mucha menor medida de lo que sería deseable, a la creación de empleo por cuanto era endémica la carencia de pequeñas y medianas empresas que dinamizasen la necesaria industria transformadora.
El sector servicios era reflejo de una economía estancada en donde el predominio del sector primario influía negativamente en la atonía del sector terciario. Por fortuna, hoy en día han aflorado cantidad de empresas que conforman un tejido industrial de cierto relieve.
Tras la grave crisis de los años 70 y 80 del pasado siglo, en la que, por poner un ejemplo relevante, entre Hunosa y Ensidesa se perdieron 43.370 puestos de trabajo, la región ha sabido recuperarse de un modo satisfactorio y emerger con pujanza al crear en los últimos 12 años 105.653 puestos de trabajo, hecho acertadamente expuesto recientemente por el presidente del Gobierno regional. Si se me permite la expresión, se ha dado vuelta a la tortilla.
Volviendo a la afiliación de la Seguridad Social, es menester apuntar que hay dos regímenes que paulatinamente incrementan su cuota de afiliación: el régimen general y el régimen de autónomos, mientras que se estanca el del servicio doméstico y descienden los de la mar, la minería del carbón y el agrario; estos dos últimos de un modo acelerado. La lectura de esta tendencia es demostrativa de que las pequeñas y medianas empresas y los autónomos tiran del empleo de un modo más que estimable. Sirva de ejemplo que en los últimos diez años se han dado de alta 8.884 empresas nuevas y se ha alcanzado la cifra récord de 40.101 empresas a 31 de mayo, y que desde enero de 2004 a la última fecha citada se han afiliado 5.265 trabajadores autónomos más.
Si a ello unimos el progresivo descenso del paro registrado a inicio del mes de julio, hasta rondar los 45.000 desempleados (46.364 para ser más exactos, según datos oficiales a 30 de junio), dentro de los cuales se contabilizan 4.500 prejubilados, todo hacer pensar que caminamos hacia el pleno empleo, estimado como tal en unos índices de paro entre el 5% y el 6% de la población susceptible de ser empleada.
Es cierto que, a medida que el paro registrado desciende, resulta más dificultoso reducirlo cuantitativamente; y también es cierto que, por tendencia, el paro registrado está sujeto a ciclos anuales prácticamente repetitivos en donde su cuota más elevada coincide con los meses de enero y febrero y la más baja, con los de junio y julio. Sin embargo, la misma tendencia señala que de un año a otro el descenso del paro es incuestionable, de tal modo que desde comienzos del año 2004 a la fecha el paro registrado ha descendido en más de 20.000 desempleados.
Por otro lado, las pensiones a cargo del Instituto Nacional de la Seguridad Social (INSS) atienden a cerca de 287.000 pensionados, sin contar entre ellas las pensiones no contributivas -cuyo pago corresponde a la Administración autonómica-, ni las prestaciones por desempleo.
Con lo expuesto cabe preguntarse si caminamos hacia el pleno empleo. Con mucha probabilidad no resulta exagerado ni mucho menos ofrecer una respuesta afirmativa. Es cierto que el mercado laboral de Asturias camina en la misma dirección que el del resto de España, si bien aún nos queda un corto camino para alcanzar la media nacional en lo que a tasa de empleo se refiere. Posiblemente, en los cuatro años próximos años -de seguir como hasta ahora el ritmo positivo de la economía nacional y la acertada política de empleo aplicada- consigamos llegar a la meta descendiendo la cota de paro por debajo de los 30.000 desempleados. En el primer trimestre de este año, nuestra tasa de paro, calculada por el Instituto Nacional de Estadística (INE), se encontraba levemente por encima del 9%, tomando como dato la Encuesta de Población Activa (EPA); con base en ello, podría entenderse que los 3 puntos y medio de descenso de tasa -que nos situaría en una tasa de pleno empleo del 6%- sería la meta a conseguir antes de los tres próximos años. Con mucha probabilidad, la EPA del segundo trimestre, próxima a ser publicada, abrirá mayores puertas al optimismo que este artículo.
En los ámbitos políticos, empresariales y sindicales se comenta la posibilidad de llegar al pleno empleo a medio plazo como un objetivo alcanzable. Tiene a su favor una serie de instrumentos que operan en su beneficio: una política nacional de empleo basada en la concertación con organizaciones sindicales y empresariales, que está dando magníficos resultados en todo el país; una gestión acertada por parte del Gobierno regional, mediante la creación de organismos como el IDEPA que influyen de modo relevante en la creación de tejido empresarial; una paz social debida a un responsable ejercicio del sindicalismo, sin perjuicio de los lógicos repuntes que requiere la negociación colectiva; una clase empresarial comprometida en la creación de empleo, y, en definitiva, un clima laboral idóneo en un período económico sin precedentes en la España de nuestro tiempo.
Y esto no es complacencia ni triunfalismo; es, sencillamente, realismo. Lo que ocurre es que de lo positivo para la sociedad, de lo beneficioso para todos, se habla poco. Y de vez en cuando conviene exponerlo públicamente para que se conozca y para que no se nos abrume con un panorama negativo en otros temas que algunos intencionadamente tratan de ensombrecer para que los árboles no nos dejen ver el bosque. Y este bosque, como ustedes ven, es un bosque con mucho futuro.
CARLOS COLUBI COLUBI. DIRECTOR DEL ÁREA DE TRABAJO Y ASUNTOS SOCIALES DE LA DELEGACIÓN DEL GOBIERNO EN ASTURIAS.

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