Gira que gira, de Carles Sans en El Mundo de Cataluña
BULEVAR
Dice Woody Allen que el oficio de actor de teatro es fantástico porque, comparado con la mayoría de los oficios, en éste trabajas una hora y media al día, y además te aplauden. Como frase es ingeniosa; sin embargo, tiene poco que ver con la realidad.
Me hallo justamente al final de una larga temporada de trabajo, en la cual hemos estrenado nuevo espectáculo; al mismo tiempo hemos ido de gira por varias localidades, representando los últimos bolos del espectáculo anterior.
Les aseguro que detrás de cada representación hay muchos kilómetros recorridos, demasiadas horas de hotel, y una distancia demasiado alejada de aquéllos a quienes uno estima. No voy a decir que mi trabajo sea para compadecer, pero no piensen que es tan placentero como algunos pretenden.
Por mi ya dilatada experiencia en Tricicle, tras aquellos primeros y alentadores bolos de hace 28 años (!), les puedo asegurar que no hay nada más tedioso que ir de gira ciudad por ciudad, permaneciendo en cada una de ellas el suficiente tiempo como para echar de menos la propia.
Confieso que aquello que tanto nos apasionaba al comienzo de nuestra carrera (viajar, conocer nuevos lugares, gente nueva) ahora nos resulta carente de toda emoción, y no pensamos más que en realizar bien nuestro trabajo (con el que, por cierto, seguimos disfrutando muchísimo), y, una vez finalizado éste, salir pitando hacia casa.
Cuando permanecemos una larga temporada en una ciudad (cuatro o cinco meses) solemos convertir la habitación de hotel en un espacio semejante al hogar. Porque una cosa es pasar un par de noches fuera de casa y otra totalmente distinta es vivir en una habitación de hotel horas y horas esperando, durante varios meses.Porque, en el fondo, lo nuestro consiste en esperar: esperar a que llegue la hora de la función.
Algunos actores difícilmente soportan esa espera.
Habrá quien piense en la ventaja de disponer de tanto tiempo libre, y no le faltará razón; pero créanme que, con los años, y, por mucho que uno sea un obseso de la actividad permanente, la constante necesidad de buscar ocupaciones hasta la hora de actuar (único y principal motivo por el que nos encontramos en un lugar determinado) puede llegar a exasperar.
Ultimamente, al llegar a una localidad que ya he visitado en más de una ocasión, lo que más me interesa es la confortabilidad del hotel, los restaurantes por descubrir, saludar a algún que otro amigo y estar al corriente de la hora que despega el primer avión después de la última representación. Me perdonarán la sinceridad, pero tras tantos años de rutina, el entusiasmo va decreciendo.Tal vez sea normal
A pesar de lo dicho, que nadie piense que vivo angustiado por tener que viajar constantemente. ¡No! Fíjense si no es incoherente mi caso: cuando llevo mucho tiempo en Barcelona, ciudad en la que resido, sorpréndanse: ¡Echo de menos algún que otro viajecito e incluso algunas horas de hotel!
Bien mirado, éste es mi trabajo y, a pesar de todo lo dicho, no sabría desempeñar otro.
© Mundinteractivos, S.A.
