DEBATE
El enigma ruso
El (des) encuentro de Rusia y Occidente, marcado no sólo por la diferencia de culturas y tradiciones, sino también por numerosos prejuicios, ha vuelto a manifestarse esos días de manera radical.
Si respecto al difícil diálogo entre Rusia y la Unión Europea con ocasión de la recién cumbre en Samara se afirmaba que "los interlocutores no entienden siquiera lo que el uno quiere del otro", la reunión G-8 en Berlín ha manifestado que entre Estados Unidos y Rusia las relaciones nunca han sido tan delicadas desde la guerra fría.
Pero lo que ha resaltado a la vista, más allá de los argumentos o acontecimientos concretos, es un duelo entre el mundo ruso y el occidental, que sigue vigente en el siglo XXI y cuyos orígenes remontan al antaño, prácticamente al nacimiento de Rusia como estado unido, alrededor del siglo IX. Dostoyevsky sostiene que "cuando se trata de enjuiciar a Rusia, una especie de estulticia insólita se apodera hasta de las personas que inventaron la pólvora y que contaron las estrellas del cielo". Se sabe que la ignorancia genera temor y que el miedo tergiversa la realidad de las cosas. Pero plantear si en la actitud occidental hacia Rusia está en primer lugar la ignorancia o el miedo sería lo mismo que plantear si primero está el huevo o la gallina.
El hecho es que Rusia sigue siendo el país más grande del mundo y que fue la mayor potencia mundial a lo largo de tres siglos, es decir, más que cualquier Estado occidental, aunque haya perdido este protagonismo en la actualidad.
Junto con su potencial nuclear y militar, asimismo que energético (el primero en la producción del gas y en la exportación del petróleo sólo detrás de Arabia Saudí), sigue creando en el imaginario colectivo más allá de sus fronteras el arquetipo de algo amenazante, ajeno y salvaje. Posiblemente también a consecuencia de lo mismo, la política que predomina de Occidente a Rusia es de cierto paternalismo, unido a la prepotencia, cual si fuera un eterno pupilo. Esto también justifica, en parte, los prejuicios que el país eslavo ha ido generado sobre Occidente a lo largo de su historia. Putin asume el papel de portavoz de su pueblo y muestra su orgullo herido y esa muestra de inseguridad y soberbia en su trato con Occidente. Pero también es verdad que Europa nunca ha estado dispuesta a tratar a Rusia de tú a tú. Para ilustrarlo de manera simbólica con palabras de Ciorán: "Todo occidental atormentado hace pensar en un héroe de Dostoyevsky que tuviera una cuenta en el banco".
¿Qué presenta el escenario socialpolítico de Rusia? Aunque la economía del país ha mejorado y Putin ha parado el capitalismo salvaje de los años noventa, permanecen enormes desigualdades, el bienestar social se va recortando cada vez más, la población disminuye en unas 750.000 personas cada año, el alto nivel de la educación ya es un mito, la corrupción es casi institucionalizada, Rusia no deja de intimidar a sus vecinos, el conflictivo escenario del Transcáucaso sigue vigente sin ver salida posible...
Aun año de las elecciones generales, la población rusa se divide entre los nostálgicos de los tiempos soviéticos, los que celebran el fin del comunismo y un tercer grupo, el más numeroso, de los indecisos, ambivalentes y apáticos. En la figura del presidente Vladimir Putin y su política proclamada en la fórmula "Prosperidad, estabilidad, soberanía" se encarna plenamente una tradición instaurada sobre todo con el centralismo de Iván el Terrible (siglo XVI) y que también siempre ha complicado la comunicación con los interlocutores europeos: un gobernador se atribuye no sólo un papel político, sino también mesiánico. Pero muchos de estos factores son propios de una sociedad en transición, y más arrastrando herencias de un sistema que, partiendo de una ideología maravillosa como ideal ha resultado en la práctica tan siniestra para las vidas humanas.
Por todo ello, por donde Occidente debería empezar es por librarse de sus estereotipos negativos sobre el país eslavo, porque si no, parecerá cierto aquello que ya expresaban los clásicos: Occidente preferiría que Rusia simplemente no existiera.
TAMARA DJERMANOVIC, profesora de la UPF, autora del libro 'Dostoyevsky, entre Rusia y Occidente'.

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