Nadie sabe a ciencia cierta cómo hacer saltar el resorte que convierte un tema en canción del verano. Está claro que la publicidad televisiva ayuda bastante, pero no siempre consigue catapultar una canción a la categoría de éxito veraniego, aunque lo pretenda a fuerza de repetírnosla hasta la saciedad.

Es curioso, pero para triunfar influyen muchos factores, entre ellos acertar con el momento preciso para lanzarla al público, el mensaje que transmite, lo pegadiza que se haga, el grado de simplicidad que posea… y en la mayoría de los casos, que tu canción sea el hit de la temporada es cuestión ni más ni menos que de suerte.

Pero si hay algo claro en esta lotería, es que no se puede forzar a una canción a que se vuelva canción del verano. Lo siento por El Koala, pero con el rock cañí de Opá, yo viazé un corrá tuvimos suficiente cutrerío rural. Quedamos saturados y ahora no me veo capaz de aguantar otro año sufriéndoles acompañados de un Manolo Escobar que, perdón por el chiste fácil, se quiere apuntar al carro.

En la otra cara de la moneda, en cambio, está Shakira. La cantante colombiana inicia su tercer verano en lo alto de las listas de los más escuchados, y sin repetir fórmula para conseguirlo. Tres canciones muy dispares entre sí, aunque las tres catalogadas de bombas mediáticas: Empezó en 2005 con La Tortura, de la mano del padrino Alejandro Sanz. Siguió en 2006 con Hits don't lie, aquí al lado de Wyclef Jean, componente de los Fugees. Y en 2007 una campaña publicitaria de una marca española de automóviles vuelve a hacer que todos coreemos Las de la intuición sin saber muy bien cómo se nos ha metido la cancioncita en la cabeza.

Durante el verano del año pasado, el caso de El Koala, así como el de los ficticios Hapiness y su odioso Amo a Laura, se consideraron revolucionarios porque su fama empezó en la red y únicamente el boca-oreja logró colapsar, a fuerza de peticiones de descarga, ambos vídeos en el portal youtube. Aunque lo común es confiar en el poder de la publicidad televisiva tal como ha hecho Shakira, hasta el punto en que el anuncio logre ser mucho más conocido que el videoclip oficial del tema, a pesar de que en éste último la cantante se muestre más provocativa que nunca.

Pero la televisión tampoco es la clave para conseguir la gallina de los huevos de oro. Los anuncios no funcionan siempre e inexplicablemente algunos temas perduran en el tiempo mientras otros se diluyen sin más. Buscando un nexo en común entre las triunfadoras, descubro que el tema de este año coincide con otras tantas que apelan a la suerte de estar vivo y disfrutar del momento, mostrando gente que tararea la canción de Shakira en el coche mientras se van de vacaciones. Un Carpe Diem que se repite en canciones veraniegas míticas de toda la vida, empezando por éxitos de hace más de treinta años como Un rayo de sol o Eva María, continuando con el insufrible Don't worry be happy de Bobby McFerrin, el Breathe, el popular tema de Midge Ure para una marca de relojes, La Flaca de un Jarabe de Palo patrocinado por una marca de tabaco negro, y así podríamos seguir hasta el más reciente silbido pegajoso del Love Generation de Bob Sinclar para una compañía telefónica.

En cambio los temas que destilan tristeza, por buenos que sean, no cuajan. ¿Alguien se fijó en la versión de Mad World de Tears for fears que hizo Gary Jules y que fue la música de una conocida consola de videojuegos hace unos meses? Sólo los más observadores se dieron cuenta de que esta perla destapada por la publicidad mejoró la canción original. Previsiblemente, ni lo triste ni lo clásico funciona. Por eso, por mucho que todos nos acordemos del anuncio del coche que hace poco tiraba una fila de botellas a su paso creando una melodía, nadie recuerda que se trataba de la típica Marcha turca de Mozart.

Sin embargo, con un buen eslogan que se autoproclame enemigo de la rutina como Haz el amor y no la cena, una marca de champú es capaz de resucitar un tema de Natasha Bedingfield que pasó sin pena ni gloria por España hace tres años y hacer que ahora la discográfica, debido a su éxito, decida volverlo a incluir como bonus track en su nuevo disco.

Desde Mariacaipirinha de Carlinhos Brown al Libre del Chaval de la Peca, las Odas al Tiempo Ocioso parecen una apuesta segura para hacerse de oro en la época estival. Supongo que las vacaciones predisponen a que entren mejor.

La teoría de la exaltación de la vida como clave para triunfar en verano parece tener sentido. Pero entonces… ¿quién me explica el éxito de algunas estupideces como Ponte el cinturón de la freaky Silvia Padilla de este año?

Los caminos de la canción del verano son inescrutables.