DECADENCIAS
En el retrato que le pintara Reynolds (amigo de ambos y a quien Boswell dedicó su enorme biografía) vemos al doctor Johnson de aire grandón y hasta algo tosco, afanado en leer un libro. La pose significa dos cosas: que Samuel Johnson (1709-1784) fue conocido en su tiempo por su alta erudición y saberes, pero además por andar regular de vista y de oído.
Todavía hoy hay quien se refiere al siglo XVIII inglés como «el siglo del doctor Johnson», lo cual no se debe sólo a que se tratara, en efecto, de una prominentísima figura de las letras de su época (ensayista, filólogo, periodista, biógrafo, novelista y poeta de ocasión), sino a que un minucioso caballero escocés, a quien conoció en 1763, James Boswell, quedó tan impresionado por la fuerte personalidad de Johnson (que tenía múltiples tics, ataques de ingenio y de ira y clara propensión melancólica, aparte de un saber vastísimo) que decidió escribir su biografía, frecuentándolo cuanto pudo.
Pero como Johnson era ya célebre cuando Boswell lo conoció, utilizó asimismo cuanto ya se conocía o se había dicho del personaje. James Boswell publicó la primera edición de Vida de Samuel Johnson, doctor en leyes en 1791, y aún tuvo tiempo de perfeccionarla en la edición siguiente. Este libro genial y vivo, sólo fragmentariamente se había traducido al español, hasta esta señora edición, obra de Miguel Martínez-Lage, que acaba de sacar El Acantilado de Barcelona.
Dicen que el primer gran modelo biográfico lo dio la Antigüedad con las Vidas paralelas de Plutarco. Probablemente en nuestro tiempo siga impresionando el Marcel Proust de George D. Painter. En medio, sin duda (aunque simplifique un poco) está la Vida de Samuel Johnson de Boswell, que ha creado términos en inglés. Así uno boswelliza cuando no se pierde detalle de algún personaje notorio al que persigue.
El propio Johnson escribió unas Vidas de los poetas ingleses que servían de prólogo a una antología de los mismos. Si Plutarco usó sus Vidas... para hacer moral y el doctor Johnson las suyas para verter juicios literarios, Boswell quiso retratar cabal y minuciosamente al hombre geniudo y sabio al que admiraba.
Oímos hablar al doctor Johnson, nos reímos con sus pataletas infantiles o groseras y nos admiramos de su buen juicio y su reflexivo talento. Por supuesto, la biografía es mucho más detallista desde Johnson y Boswell que antes de conocerse, pero eso sólo subraya el método minucioso de Boswell, que supera ampliamente a las dignas conversaciones de Goethe con Eckermann. El autor de Rasselas, El divagador o Un diccionario de la lengua inglesa, este último de 1755, su primera obra notable, se convierte gracias a su biógrafo en un soberbio especimen humano. El valor de su obra no lo puede variar una biografía, pero no hay duda de que sin Boswell hoy el doctor Johnson sería mucho menos. No menos sabio, ni menos escritor, ni menos erudito, sería llanamente menos hombre, con su claroscuro portentoso. Ojo al canto: a veces una vida vale tanto o más que una obra. Pero existiendo ambas, miel sobre hojuelas.
© Mundinteractivos, S.A.

Escribe un comentario
Los comentarios están cerrados