El primer ministro se presenta como el brazo ejecutor de la ruptura

Difícil faena tenía ayer tarde ante sí François Fillon en su estreno ante el abarrotado hemiciclo del palacio Bourbon, donde debía pronunciar su primer discurso de política general y obtener la confianza del Parlamento. Para todo primer ministro, la cita en la Asamblea Nacional francesa es de por sí un momento crucial y delicado. Pero para el nuevo inquilino de Matignon presentaba una dificultad adicional: acogotado por un presidente de la República, Nicolas Sarkozy, omnipotente y omnipresente, Fillon tenía antes que nada la necesidad de demostrar que existe. Lo logró a base de aceptar su papel subalterno y de presentarse como el brazo ejecutor de la ruptura propugnada por Sarkozy. "Hay en el país un aliento de confianza. El presidente de la República es el iniciador. Yo soy, ante ustedes, el depositario", dijo gráficamente ante un parlamento donde su partido, la UMP, tiene una amplísima mayoría absoluta.

El problema de Fillon es que los grandes ejes de su programa de gobierno estaban ya todos dichos y detallados por Nicolas Sarkozy - o por sus colaboradores en el Elíseo- y no había lugar a la sorpresa. Ninguna novedad fundamental hubo, pues, en el discurso del primer ministro, que hizo un somero repaso de las principales reformas previstas.

Fillon, autor de un libro titulado significativamente Francia puede soportar la verdad,hizo un severo diagnóstico de la situación política, económica y social del país. "Hay que renovar nuestra democracia política, modernizar nuestra democracia social, impulsar nuestra excelencia intelectual y científica. En definitiva, hay que reescribir el contrato político, social y cultural de Francia", afirmó el primer ministro, quien subrayó que la legitimidad de este cambio radica en la voluntad de ruptura de los franceses: "Todo el sentido de la elección de Nicolas Sarkozy está aquí, en la voluntad feroz de nuestro pueblo de liberarse, rompiendo con la falta de vigor, el derrotismo y las dudas del pasado".

Fillon afirmó que las debilidades de Francia son las de "una vieja y gran potencia que desde hace treinta años no se decide a repensar sus estructuras y actitudes", un país empeñado en "ajustar" su modelo en lugar de revisarlo "de arriba a abajo", cuya falta de determinación ha conducido a "un divorcio entre los poderes y los ciudadanos". "Les debo la verdad, porque la verdad está en el corazón de la ruptura", añadió Fillon, quien dijo llegado el momento de poner fin a la "aprensión política y la duda intelectual" que han colocado a Francia en la pendiente.

Las principales propuestas del primer ministro fueron, entre otras, la reforma democrática de las instituciones, con la posibilidad de introducir una dosis de proporcionalidad en el sistema electoral; la potenciación de la universidad y la investigación, a las que se destinarán 5.000 millones de euros suplementarios en cinco años, y la flexibilización del mercado laboral. Fillon se comprometió asimismo a un recorte del gasto público para alcanzar el equilibrio financiero en el 2012, lo que incluirá desde la amortización de puestos de funcionarios hasta la introducción del pago de una franquicia en los gastos médicos.