ASI LO CUENTAN

Despedimos estos meses de juicio del 11-M con las diferencias aparentemente tan marcadas como al inicio, en cuanto a lo que los distintos medios informativos creen -o, al menos, manifiestan- de los atentados, la investigación y, ahora, las aportaciones de la larga vista. Pero ahora David Gistau, en EL MUNDO, asegura que «concluido el juicio, no hace falta esperar a la sentencia para intuir que en algo habrá fracasado: no va a servir para hacer la catarsis del 11-M». El enrocamiento conspiracionista es una de las causas, dice Gistau, que no está por esa labor. Pero reconoce que la endeblez de las pruebas contra los autores intelectuales y la comprobación de la incuria y las vergüenzas de los servicios policiales dejan la herida abierta. Y Luis del Pino titula su último bloc Finale, ma non troppo. Al fin, Del Pino y Gistau, de acuerdo en algo...

No nos hemos ocupado en esta columna más que de los grandes medios de difusión nacional que han seguido, muy desigualmente, este juicio. No ha habido espacio para los shows paralelos -Eva Hache y su sal gorda disfrazada de modernidad; Carlos Carnicero haciendo, o intentando hacer, picadillo entre los colegas de la conspiración desde una atalayita de internet...- ni tampoco, y es más lamentable, para la tarea de medios especializados como, en Madrid, 'City-FM', o como 'libertaddigital.com', que han seguido informando sin plegarse a la verdad oficial.

De los partidarios de ésta, 'El País' despachaba ayer el «visto para sentencia» con un frío y breve editorial, advirtiendo contra «una sentencia abierta que mantenga la incertidumbre sobre la autoría». Su incansable cronista Ernesto Ekaizer se despedía, por su parte, con un titular, Fin del conspiracionismo, que nos suena mucho a déjà vu... Pero, en realidad, su fe se tambalea. Por una parte, lamenta el patinazo de convertir a El Egipcio en un malo imaginario; luego se encorajina trompeteando el polémico fallo del Supremo sobre el caso Bono (¿qué tendrá que ver?) y acaba en un tono mucho menos tajante: «[La] sentencia de octubre próximo supondrá una reinterpretación de los hechos. En cuanto a la conspiración, no cejará. Fin del conspiracionismo, principio de lo mismo».

Era Victoria Prego la que, finalmente, mejor resumía, en EL MUNDO, este juicio del que los oficialistas salen más inseguros: «Ahora ya se puede decir que fuera del recinto acristalado, en estrados y en las sillas del público, también ha habido acusaciones y acusados. No penales, pero casi. Estaban los buenos y estábamos los malos. Pero, según se ha ido iluminando este intrincado laberinto con las declaraciones de los testigos, con las preguntas de los letrados y con las intervenciones de acusadores y defensores en sus conclusiones definitivas, esas fronteras, de comienzo tan rotundas, entre el Bien y el Mal, entre el arcángel Gabriel y el caído Lucifer se han ido diluyendo considerablemente por efecto de la brutal fuerza de los hechos».

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