CANELA FINA

Afirmó ante la nación, y también en el Congreso de los Diputados, que sería implacable con Eta, tras el comunicado terrorista que daba por concluido el alto el fuego. Mucha gente de relieve no le creyó. Rajoy, sí, y le prestó su apoyo de forma absurda y precipitada.

Ahora sabemos que nada más producirse la declaración etarra, Zapatero ordenó subterráneamente que sus mensajeros internacionales, tal vez del Centro de Diálogo Henri Dunant, sin descartar a algún agente del Sinn Fein, imploraran a Eta la no reanudación de los atentados. De nuevo genuflexo ante los terroristas, arriados los pantalones, el presidente del Gobierno español solicitó de Eta esta gracia porque los nuevos crímenes podían suponer su derrota electoral en las elecciones generales con el ascenso a Moncloa de un presidente del PP que no sería propicio ni a un nuevo proceso de paz ni a reanudar la marcha de la caravana de las concesiones.

Este miserable gesto sólo es comparable a otros de Zapatero en su proceso de rendición ante Eta pues llegó a ponerse de acuerdo con los terroristas para introducir, hace un año en su discurso ante el Congreso de los Diputados, la frase «el derecho a decidir de los vascos», es decir, la autodeterminación, en contra del derecho a decidir sobre la unidad de España que corresponde a todos los españoles no sólo a los vascos. También aceptó Zapatero llamar accidente a la atrocidad de Barajas. No fue un lapsus línguae. Fue un acuerdo. Y, tras el atentado atroz, siguió negociando bajo cuerda con la banda.

El pasado 12 de junio publiqué en esta página un artículo titulado «A Eta le conviene que Zapatero siga en Moncloa». El comunicado etarra podía leerse como una finta para lavar ante la opinión pública la cara de un presidente derrotado en las municipales, en gran parte por la indignidad nacional de sus concesiones a Eta. Ahora resulta que fui tímido en mi análisis. Tres días después del comunicado terrorista rompiendo el alto el fuego, Zapatero ya estaba implorando a Eta que no atentara porque, de hacerlo, se facilitaría una victoria del PP en las elecciones generales.

Rajoy se ha equivocado, a menos que informaciones que no conocemos demuestren lo contrario. El mismo día del comunicado de Eta debió exigir, desde la televisión, la dimisión del presidente fracasado y convocar, de forma inmediata, una manifestación gigante contra la banda.

Zapatero quiere salir de rositas del gran fiasco, arropado por los medios adictos y los tertulianos domesticados. Negocia con Eta que los terroristas no atenten y con Rajoy que se pliegue a la «unidad de los demócratas», que es, por cierto, lo que pretendía Eta para maniatar a los populares. Esa «unidad de los demócratas» es imprescindible, pero sin Zapatero. Con Zapatero significa la rendición de todos ante la banda que permanece, entre tanto, impertérrita, sin disimular sus propósitos finales. Quiere el poder, todo el poder, en el País Vasco y Navarra. Su estrategia para conseguir ese objetivo está clara: treguas trampas, asesinatos y terror, procesos de paz, asesinatos y terror, internacionalización del conflicto, asesinatos y terror, mesas de negociación, asesinatos y terror... Y además, chantaje, violencia, secuestros, kale borroka, todo ello potenciado cuando a los terroristas les acompaña la dicha de contar en Moncloa con un pardillo dispuesto a concederlo todo y a mentir en todo. Zapatero, embustero, embustero, embustero...

Luis María Anson es miembro de la Real Academia Española

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