Joan Ridao, eminente jurista y dirigente de ERC, habló la semana pasada de "desconexión" para amenazar al PSOE. ¡Qué miedo! El independentismo oficial catalán es hoy una amenaza táctica recurrente más que una propuesta seria. ¡Qué viene el lobo! Cada cierto tiempo, Esquerra invoca la secesión como fruto del cabreo y, así, va ubicando su perfil entre la generosidad de ZP y los silencios búlgaros de Montilla. Lo nuevo es que Ridao, tan leído, haya tirado mano de un término como "desconexión", que es familiar a israelíes y palestinos pero cuya importación es totalmente marciana. Hay que ser más serios con la política comparada. En todo caso, no faltan ejemplos de desconexión galopante en la política catalana. El mayor y más bonito lo protagonizan Montilla y ZP, dos efigies separadas por un mismo electorado.

Ayer, el conseller Castells - figura líquida, compleja, astuta y nostálgica de un PSC que nunca existió- certificó la enorme desconexión entre el Gobierno amigo de ZP y el Govern anestésico de Catalunya. Castells, abanderado de un socialismo que pudo haber sido y nunca será, proclamó la evidencia que hasta los niños van cantando cuando salen al recreo: "La poca voluntad política para aplicar de verdad lo que dice el Estatut". Se refiere, claro está, a la poca voluntad política del Gobierno amigo de ZP, donde Solbes nada sabe de infraestructuras pendientes ni de aquel eslogan que hoy apesta y que recordaremos otra vez, a mayor gloria de los censores palaciegos que un día imitan el modelo de control de la Alemania comunista (véase el filme La vida de los otros)y otro día emulan la caza de brujas del senador McCarthy en los Estados Unidos de los 50 (véase el filme Buenas noches, y buena suerte):"Si gana Zapatero, gana Catalunya". Castells, a quien las balanzas fiscales no publicadas le pesan más que tener a Montilla como líder, ha descrito la postal del verano con tal fidelidad que poco añadiremos. Salvo constatar que ERC, tan dada a las desconexiones retóricas, siempre acaba embelleciendo la estampa de ZP y tragando lo que se tercie en Madrid. Con un amor sólo superado por la entrega.

Para muestra, un reciente botón. Mientras Joan Puigcercós ultimaba su conferencia de lanzamiento al estrellato, sus hombres en el Congreso de los Diputados votaban en contra de su propia enmienda a una moción presentada por el convergente Carles Campuzano sobre la necesidad de destinar más recursos y de ampliar los criterios de reparto de los fondos en la aplicación de la ley de Dependencia. El diputado de CiU había incorporado la enmienda de republicanos y poscomunistas y había conseguido el apoyo también del PNV y del PP. Así las cosas, el PSOE quedaba aislado y los intereses de Catalunya y otras comunidades, como Madrid y Valencia, eran considerados con más atención. Pero el ministro Caldera se puso nervioso y, ante la perspectiva de perder la votación, exigió imperativamente a IU-ICV y ERC que socorrieran al Gobierno a toda costa, lo que obligó a ambos grupos a negarse a sí mismos para asombro de la Cámara Baja. Puigcercós, en su conferencia del jueves, afirmó que "hay que seguir batallando y negociando, utilizando los mecanismos institucionales y civiles para que Catalunya disponga de todo esto y más". Tiene razón, pero sus hechos van por otro lado. "Fets, no paraules" es lo que se lleva. Según el secretario general republicano, "debemos reforzar y curar todo lo que nos debilita". Buena receta, lástima que no la aplique a sus propias filas. El doctor Carretero, más ducho a la hora de perseguir epidemias, ha hecho saber que no bastará con una aspirina.