TECNOLOGÍA
Primero, una mala noticia: el Mare Nostrum, orgullo del Barcelona Supercomputing Center, ha bajado del quinto al noveno puesto en el ranking de los superordenadores más potentes del mundo, publicado la semana pasada en una conferencia internacional en Dresden. Ahora viene la buena: Mare Nostrum sigue siendo el primero de Europa, precedido por ocho ubicados en Estados Unidos y seguido por el más potente de Alemania. Pero esta lista cambia cada seis meses, y es casi seguro que en la próxima edición se caerá de la primera decena.
Con una potencia de cálculo de 62,6 teraflops (62,6 x 1012,o 62,6 billones de operaciones por segundo), el superordenador de Barcelona ocupa una antigua capilla anexa al rectorado de la Universitat Politècnica de Catalunya. Para los profanos, que somos casi todos, los especialistas explican que una calculadora de bolsillo tardaría 10 millones de años en resolver las ecuaciones lineales que el Mare Nostrum calcula en apenas un segundo. Más fácil es imaginar para qué sirve semejante potencia de cálculo. El mayor cliente es la primera potencia del mundo, Estados Unidos, que tiene 281 de los 500 superordenadores más potentes; los departamentos de Defensa y de Energía los usan para aplicaciones tales como el desarrollo y el control del arsenal nuclear, misiones espaciales y, más recientemente, simulaciones del clima futuro. También se utilizan para proyectos relacionados con el diseño de proteínas y otras investigaciones biomédicas.
Europa - con la única excepción de Francia- no fabrica superordenadores; los consume. España va detrás del Reino Unido, Alemania y Francia, pero cuenta con la máquina más potente de Europa. El Barcelona Supercomputing Center, gestionado por un consorcio formado por el Ministerio de Educación y Ciencia (51%), la Generalitat (37%) y la UPC (12%), tiene el Mare Nostrum, de IBM, cuyo principal campo de investigación es la biología. Actúa como plataforma principal de la Red Española de Supercomputación, constituida por otras cinco instalaciones de inferior capacidad. El Centro de Supercomputación de Galicia, que no forma parte de la red, ha contratado a Hewlett-Packard un superordenador que, junto con los de la Politécnica de Madrid/ Ciemat (IBM) y del Instituto Nacional de Meteorología (Cray), completa la presencia española.
El ranking mundial de los supercomputadores (www. top500. org) es elaborado por un terceto de universidades que los somete a un test homogéneo de cálculo de ecuaciones lineales. Sus resultados se publican en junio y noviembre, y la última edición ha vuelto a encabezarla la máquina hasta hoy más potente de IBM, BlueGene/ L, instalada en el Lawrence Livermore National Laboratory, a 60 km de San Francisco. Su potencia de cálculo, 280,6 teraflops, duplica a su inmediato perseguidor, instalado por Cray, y cuadruplica la del Mare Nostrum.
Pero este reinado tiene fecha de caducidad: en Dresde fueron presentados dos proyectos en marcha que en los próximos meses elevarán sustancialmente el listón. La barrera del petaflops (1.000 billones de operaciones por segundo) está a punto de caer, cuatro años antes de lo previsto por la industria: en el 2000, la máquina más potente daba un rendimiento de cuatro teraflops, que hoy sólo permite ocupar el último puesto de los 500.
IBM, que sitúa 192 de sus máquinas entre los Top 500,ha anunciado la próxima instalación del nuevo BlueGene/ P, encargado por el Argonne National Laboratory, de Chicago, lejano descendiente del Proyecto Manhattan. En el 2008, la compañía entregará sendos ejemplares a la Max Planck Society y el Forschungszentrum Jülich, instituciones alemanas que investigan en física de altas energías y nanotecnología. En lista de espera hay otros dos para EE. UU. y uno para Reino Unido.
Por su parte, Sun Microsystems ha presentado su Constellation System, que aspira a ocupar, aunque sea transitoriamente, el primer puesto, a condición de instalarlo antes de noviembre. El comprador, Texas Advanced Computing Center, ha pagado 45 millones de euros por el ingenio. Con 500 teraflops de potencia, duplicará la del BlueGene/ L, pero pronto será duplicado a su vez por el BlueGene/ P. Sun sostiene que podría fácilmente alcanzar el petaflops si encontrara otro cliente.
Una de las muchas singularidades de estos superordenadores - irónicamente definidos como superego machines-es que se construyen con componentes estándar, en principio los mismos que se usan para los ordenadores corrientes. La serie BlueGene emplea microprocesadores Power, que fueron el corazón de los Macintosh hasta el año pasado, mientras que Sun ha diseñado su Constellation con los nuevos chips Barcelona, de AMD, más de 13.000 en la primera versión. Esto marca un cambio trascendental, con proyección económica. El mercado es restringido, pero ofrece visibilidad a los fabricantes, que pueden presumir de músculo ante los compradores de máquinas menos ambiciosas.
¿Cuál es el principal factor de coste de un superordenador? Los chips de memoria - que bajan de precio, pero aumentan en número- y la refrigeración. El consumo eléctrico es una preocupación que crece con la escalada de potencia. Según IBM, el BlueGene/ P incrementa siete veces la eficiencia energética de su predecesor. Otra dimensión de este mercado peculiar es la competición geoestratégica. La industria japonesa ganó la primacía cuando, pasada la era Reagan, Cray sufrió el recorte presupuestario. El Earth Simulator, de NEC, retuvo la corona hasta el 2002, cuando IBM tomó el mando del pelotón. Hoy, el japonés mejor colocado ocupa la plaza número 14. Pero Tokio quiere que su industria vuelva al primer plano, destinando 700 millones de euros para que NEC, en colaboración con Fujitsu e Hitachi, desarrolle en cuatro años el superordenador más rápido del mundo. Para entonces, habrá que superar otra barrera: tres petaflops.

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