EL APUNTE
No es tarea fácil tomar decisiones en ERC. Su dirección tiene que jugar con demasiados vasos comunicantes como para saber cuál de todos puede llenarse hasta rebosar. Si sus políticas se ajustan a las habituales responsabilidades de gobierno, los más radicales se cansan y comienzan a generar todo tipo de reacciones contrarias.Sin embargo, ese estilo conecta con los ex votantes de CiU que desde hace unos años forman parte del principal motor de la formación de Carod. En cambio, si el síndrome de la manifestación se impone y se realimentan los viejos fantasmas renovados, las políticas de ERC desconectan con el día a día del tripartito, esa misma palabra se convierte en lastre y Montilla en su peor enemigo.Es ahí donde Joan Carretero tiene el campo abonado para recoger sus particulares tempestades. Por todo ello, ser dirigente en ERC no debe ser fácil. Sólo el trabajo de la mesura y el equilibrio puede permitir que sigan adelante sin más sobresaltos. Pero eso no es fácil. A ERC le va la marcha. A una parte de su votante también. Por ello, Puigcercós y Carod tienen aún más difíciles sus rabietas personales.
alex.salmon@elmundo.es
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