Las dos dinastías políticas estadounidenses más poderosas poseen sendos refugios en la costa atlántica. Los Kennedy celebran sus fiestas en Hyannis Port (Massachusetts). El clan Bush se relaja en Kennebunkport (Maine). El actual presidente de Estados Unidos ha escogido esta finca familiar para recibir hoy a su homólogo ruso, Vladimir Putin, en un intento por reconducir una relación bilateral demasiado lastrada por los desencuentros.
El equivalente a Kennebunkport –salvando las distancias- sería alguno de esos tesoros que aún quedan en la Costa Brava. La península sobre la que está asentado el complejo de los Bush –Walker"s Point- recuerda un poco a Cap Roig, en Calella de Palafrugell. En el pueblo, muy limpio y cuidado, abundan las tiendas de artesanía y antigüedades, las joyerías, las galerías de arte, los coquetones hostales de lujo y los restaurantes que ofrecen langosta, la especialidad local. Las casas frente al océano, con césped inmaculado, no son excesivamente ostentosas ni están ocultas por muros. Tampoco la de Bush. Conservan la arquitectura local y se integran en el paisaje.
"Una gran parte del pueblo es de alto poder adquisitivo –reconoce Stephen, un profesor de Psicología jubilado, de 81 años-. Hay muchas casas antiguas, restauradas, que pertenecieron a capitanes de barco de la época ballenera. Pero Kennebunkport es muy acogedor. Vive gente rica, pero también pescadores, carpinteros." "El agua en el océano es muy buena y fría; te despierta después de una larga noche de juerga", bromea.
Un buen baño de agua fría debió necesitar George W. Bush después de aquella noche del 4 de septiembre de 1976 en la que la policía le detuvo en una carretera de la zona por conducir bajo los efectos del alcohol. Le acompañaba su hermana Doro, que tenía sólo 17 años. "Eso fue antes de que se hiciera cristiano renacido, como lo soy yo", le trata de exculpar Jenny Wynn, de 76 años, que veranea en Kennebunkport desde que era adolescente. "Este lugar tiene algo que te sigue llamando", explica. Wynn insiste en que el pueblo no es tan pijo como parece, que "la gente se mezcla", y que uno puede encontrarse a Bush padre y Barbara en la iglesia de Santa Ana, un bellísimo templo construido de piedra extraída del océano. Wynnn cuenta la anécdota de que su hijo se encontró un día por casualidad con el ex presidente en los populares almacenes Wal Mart y éste le pidió consejo sobre qué cebo comprar para la pesca.
El episodio del arresto del actual primer mandatario, hace 31 años, se intentó ocultar durante mucho tiempo y resultó un detalle incómodo en su carrera hacia la Casa Blanca. No fue el único hecho desagradable asociado a la finca de veraneo. En agosto de 1992 tuvo lugar una tensa rueda de prensa de Bush padre el día en que hacía de anfitrión del entonces primer ministro británico John Major. Un diario sensacionalista acababa de revelar que el presidente norteamericano había tenido un "affaire" con una colaboradora, Jennifer Fitzgerald, años atrás, y que su nido de amor secreto había sido Ginebra. En la rueda de prensa Bush padre apareció con la familia al completo, incluida Barbara, y negó con absoluta contundencia la historia periodística.
La propiedad de Kennebunkport fue adquirida por los Walker, la rama de la abuela materna del actual presidente, en 1904. Por eso el lugar pasó a llamarse Walker"s Point. En 1981, cuando George H.W. Bush fue elegido vicepresidente, compró la casa a su madre. Se pensó que era más adecuado por motivos de seguridad. Según la polémica biógrafa Kitty Kelley, autora de "The family" (2004), algunos hermanos no se lo tomaron demasiado bien. Enfados típicos entre parientes por las herencias. Algunos vieron la mano de la influyente Barbara Bush en la operación. George H.W. Bush vendió su casa de Houston y pagó un precio político –unos 780.000 dólares- para ponerse a su nombre la finca de Kennebunkport. La transacción provocó unos problemas tributarios que tardaron en resolverse.
Kelley explicó en su libro otra sabrosa anécdota de Kennebunkport que, de ser cierta, mostraría el escaso interés de los Bush por la cultura. En una ocasión, el escritor Brendan Gill estuvo alojado en la casa de Walker"s Point. Aquejado de insomnio, Gill se levantó e intentó encontrar un libro. Perplejo, comprobó que no había nada que leer. El único volumen que halló fue "The fart book" (el libro de los pedos).

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