PRISMA

W. Montgomery Watt en su Historia de la España islámica escribe que «hay una serie de pruebas menores en el sentido de que tanto Julián como los adversarios visigodos de Rodrigo se esforzaron deliberadamente por despertar el interés de los musulmanes hacia España y de que en un primer momento les prestaron considerable ayuda» (a los musulmanes invasores). Estamos en 711, Don Julián fue el conde traidor -como otros secuaces en la España de hoy- y Don Rodrigo el damnificado rey visigodo que cancela la lista tras morir en la crucial batalla del valle del río Barbate. La historia se repite hoy en los ámbitos de la soberanía económica del país ¿Hemos expuesto imprudentemente nuestras grandes empresas a la voracidad exterior? ¿Estamos arriesgando nuestra soberanía económica, acaso nuestra garantía de futuro?

Tras el despropósito de Gas Natural en la OPA de ENDESA en septiembre de 2005, este país ha iniciado una carrera de arriesgada desmesura por ese dogma del libre mercado. Un mercado abierto a la mancillación por parte de los poderes extranjeros, que acceden al señuelo del banquete de las grandes empresas españolas surgidas de las privatizaciones de Aznar/Rato, cuyo propósito está siendo sistemáticamente violado bajo el afán de la pura especulación. El caso ENDESA y su paulatina italianización podría ser el modelo: la empresa menor se come a la mayor; la peor gestionada engulle a la mejor gestionada gracias a donjulianes políticos y al exclusivo interés de acumular ganancias y repartirse comisiones. Un tan triste proceder que desataría, a no dudarlo, las apetencias de las grandes multinacionales por comerse las joyas de la corona e infeudar los mercados nacionales ¿A tal extremo alcanza ese legítimo deber de tutelar las entidades básicas de nuestra soberanía económica, o de nuestra garantía de seguridad? Si existe un país económicamente desordenado ése es Italia, donde el Estado es escaso y los grandes intereses se controlan desde zonas tan oscuras que, a veces, producen vértigo.

La «derrota» de Manuel Pizarro en ENDESA es sólo el símbolo.Luego llegarán, tal vez, las de Iberia, quién sabe sino las de Iberdrola, la inevitable Altadis, la tecnología de Ecotécnia ya vencida por el engullido de Alstom, y Dios no quiera que Gas Natural sea el aperitivo de Suez, o Repsol el festín de Chevron o Exxon, o cualquiera de las Siete Hermanas del petróleo ¿Está la empresa española en almoneda a cambio de pingues comisiones que algunos «patriotas» se llevan a su bolsillo? El paraje económico es cada día más asimilable en el siglo XXI a lo que fuera la invasión islámica en el siglo VIII. Si ciertos empresarios sólo contemplan el escenario especulativo, otros donjulianes fungen en apariencia de «despertadores del interés de los musulmanes» (multinacionales) por el mercado español y sus grandes empresas.Una triste paráfrasis de la Historia que mueve al pesimismo releyendo a Montgomery Watt ¿Tan poco hemos escarmentado?

Bien me gustaría a mí que el anunciado regreso de Rodrigo Rato desde Washington tuviera algo que ver con el patriotismo económico, que tan hábilmente practican alemanes y franceses, vigilantes siempre de su orgullo nacional político y económico. Aquel rey que perdió su reino (Don Rodrigo) pudiera ser como un presagio de otro Rodrigo con aires de Don Pelayo. Manolo Pizarro lo intentó, pero alguien dispuso que no fuera ése su destino. Mal gobernante aquél que no cuida de su viña; a la postre, la derrota y el fracaso ¿Por qué no apelan a la memoria histórica en toda su secular dimensión?

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