01/07/2007 - 8:00 h

En Lastres, villa que fue sabia, pescadora y marinera, procede hablar de la mar, los barcos y los ratones que, de siempre, los acompañan. También de la cocina marinera; de la de la señora de “Eutimio”, famosa ya cuando estaba él en la concejalía y en el primer modesto local, donde ponían a la plancha media merluza mechada de ajo; y de la del “Cafetín”, empertigada en lo alto de pueblo, no lejos del bastión de los Victorero.

Pero hoy, en “Eutimio” ya no dan los mejores pescados de la mar lastrina, ni en el “Cafetín” puede el curioso encontrar a Ana o Víctor Manuel. Hoy, el glamour y la moda andan de “Luces”, de las luces que en Luces encendieron los jóvenes “Masaveus”, rotundo hotel junto a la cuadra y el purín de 120 vacas, a la espera de su correspondiente campo de Golf; frente, casi o tal vez, el viejo chigre del pueblo; ayer solaz dominguero de la parroquia, por semana especialista en las “once” de los profesores del Instituto Agrario. Hoy, todo cambió con el hotel y con los nuevos “chaleteros” de la zona de Colunga, huidos de la masificada zona de Luanco.

En la cocina del chigre, ya no entran las aldeanas para saludar y ver lo que se guisa; ni los profesores del Instituto van a tomar el café con el pincho de tortilla. Puertas cerradas para estas “pequeñeces”, vecinos y funcionarios. Los ratones, fuera del paquebote. Una señal de esta Asturias.

Ahora, allí están los mejores besugos (cuando alguno por casualidad cae en la malla del besuguero; allí retozan los rubieles, palpitan las merluzas, lloran os salmonetes de Roca, por no haber podido “rematar” la última. Ahora, la clientela son “mercedes” y “bmws”, grandes cuatro por cuatros, rubias opacas. No corren los billetes de cinco, diez, veinte o cincuenta euros, se desprecia el puente de papel. Allí los jóvenes consejeros de “papá”; los brillantes ejecutivos cajeros, los lucidos directivos hidroeléctricos, los príncipes de la paz, del ladrillo y del cemento y compañeras de viaje, “pegan” y “pagan” el gasto con la representación. Hay gentes, las que sostienen estos chiringuitos de noble apariencia y campo de golf, que son los neorratones del barco empresarial, que viven de la representación y nunca dejan la comedia. Son, Artidiello lo dijo en Caravia hace tres años, los “plastiquinos” de la nueva Asturias. Otra señal.

Allí, todo es comedia. Acá, este acá comprende toda la vieja Asturias interior, roja antaño, -de donde los “plastiquitos” proceden- dice Pandiella, todo es drama, humo, juego, baraja. Tercerola visión.

El póker de la Asturias vieja, además de en bajos de café, se juega hoy en Oviedo y Villabona, las dos cruces de nuestra realidad política y social. La cuarta cara, la santa faz del pasado, por algo somos los últimos en todo y los primeros en nada, remacha Alvarez.

Lloramos, casi, por nuestros pecados tradicionales y consuetudinarios en la mesa bien surtida del gran Hostal de Caravia Alta, donde no se selecciona la clientela para reducirla a la comedia de los “plastiquinos”, -caja, hidromasaje y construcción-. El amigo Pandiella, anfitrión y transportista internacional, sostiene que IU no pacta con PSOE, por la indiferencia de un sector de éste y, por su propio temor a romper su “base” interna, (no la añadida), por culpa de los fantasmas de Cándido y Morala. Que son los fantasmas de la Asturias Tradicional y Vieja, que desde Villabona, con cien de los suyos, arremeten contra los molinos de viento de sus sueños y contra los arrieros de los nuevos tiempos.

“Plastiquinos” frente a Villabona, y IU en medio. 4x4 frente al puño en alto. Y la resurrección imposible de Asturias, en medio.

¿Resurgirá Asturias en el Sinaí ministerial de nuestros pecados?. Ahí está, ahí está, la puerta de Alcalá y los viejos dolores del parto obrero.

Algunos, dice Pandiella, quieren hablar con el futuro con teléfono de manivela…; otros, hartarse del poco buen besugo que aún queda, con su plástico…; aquellos, los más, los que llenan campos y conciertos populares, romerías, procesiones y primeras comuniones, sobrevivir con la hipoteca, las comuniones, las vacaciones, las pensiones de los hijos canónicos, y las alegrías de la parienta civil …

Mientras, -hoy en tu sede, mañana en la mía-, D. Areces y D. Iglesias, al viejo estilo de los Lombarderos extravagantes de Os Oscos, se retuercen, uno al otro, el “paquete testicular” con su respectiva mano derecha, la izquierda siempre libre. Firma, dice D. Vicente apretando y retorciendo. Quiero competencias, responde, D. Jesús… soportando apenas el gran dolor, avariento de goces, firmas y representaciones, y temeroso, al mismo tiempo, de los fantasmas de Villabona, de los frutos y de la lengua…

Al fin, la voz del partido extinto, ¡Depuración Política! Y sus corifeos, ¡Huelga General!

¿Estaremos viviendo el “adelanto” de la Revolución de Asturias de 2.934? ¡Seremos capaces!

Vayamos, dice Pandiella, a Os Oscos a “pasar el agua”.

Entre tanto, recuerden, unos y otros, el popular dicho, y acomoden conductas al hecho:

“Los Ratones han vuelto al Barco”.

¿Y D. Paco? Con ellos.

Ante tal espectáculo Asturias no sale de su asombro.