IDEAS Y DEBATES

De poderoso haz de luz y no de otra forma cabe calificar la conferencia que la Fundación Sistema organizó para el profesor Joseph E. Stiglitz, bajo el tema La inmigración y sus causas,en el Encuentro de Salamanca,el pasado 22 de junio. Hora era ya de que un prestigioso economista, ornado hace pocos años con el Premio Nobel viniera a esclarecer la cuestión. También han de expresarse los más sinceros plácemes a la Fundación Sistema por haber elegido Salamanca, cuando todavía se esgrimen pesudoargumentos cerca de la antigua calle Trafalgar, hoy denominada calle del Expolio por decisión y exabrupto del alcalde Lanzarote.

Comenzó Joseph E. Stiglitz con una afirmación rotunda: "los beneficios de la inmigración son tan abrumadores que ya es difícil imaginar hoy en día una sociedad avanzada sin ella". En otro pasaje revelador, el conferenciante dijo que, en cierto modo, los países desarrollados están destruyendo propiedad intelectual a los países que exportan inmigrantes. En el caso de EE. UU., abren sus puertas a las personas con talento mientras que se la cierran a los menos formados. Ha de aceptarse que los mismos movimientos migratorios generan un efecto adverso en las sociedades de origen, mientras que la gente no ha llegado a entender su dependencia de la inmigración.

Quienes hace años disfrutamos con las manifestaciones del pensamiento de Stiglitz sabemos que jamás habitará la estancia de los utópicos; por esta razón, manifiesta su oposición al supuesto de una inmigración libre;porque no existen en el mundo medios bastantes para acoger a todos los hombres y mujeres dispuestos a abandonar sus países de origen. Pero, por el mismo hecho de que no existe la posibilidad de una inmigración global es preciso gestionar racionalmente las posibilidades. Y en esta política racional es necesario primero, tolerar y segundo, acomodar.

Con gran énfasis, Stiglitz mostró su disconformidad con la política de Bush que, puesto a pensar, ha resuelto alzar una muralla de 2.000 kilómetros, lo cual será un nuevo muro de Berlín. Pero, mientras existan diferencias de salarios entre EE. UU. y México, que hoy son de seis veces, habrá los movimientos migratorios que hace quince años denunciara John Kenneth Galbraith.

Derechos fundamentales

Para que se produzca la inserción pacífica y mutuamente beneficiosa entre los que exportan inmigrantes y los que los reciben es absolutamente necesario que los recién llegados estén en posesión de los derechos fundamentales.

La tragedia de los sin papeles encierra graves problemas y no sólo para mañana. Sabemos, y cada día se registran nuevos focos de injusticia que sobre todo en el sector terciario (y más mujeres que hombres) los retrasos en la obtención de los papeles suponen salarios más bajos y muchas veces en una ominosa amenaza de un no remoto despido.

Y también glosó Stiglitz que en EE. UU. no se ha producido la necesaria dinamización de la sociedad, el fenómeno que el viejo Karl Marx, en 1867, denominaba la Verelendung (miserabilización como traducía Manuel Sacristán). Y se evidencia -valga el ejemplo dado por Stighlitz-en virtud del cual un joven en EE. UU. resulta que sus ingresos a los treinta años son un diez por ciento inferiores a los que ingresó su padre a la misma edad. También allí hay temas para meditar. Y finalmente, como decía el Nobel, hay que negar sofismas como el que afirma que los inmigrantes provocan el déficit de la Seguridad Social; la realidad es todo lo contrario, porque como demostró Ignasi Fina en Barcelona, por lo que a la salud se refiere, llenan la hucha.

Creo justo terminar como lo hizo Stiglitz: "la política española ante la inmigración es correcta".

Fabián Estapé. Economista.