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1 Julio 2007

El PP sale más barato (todo se arregla con dinero, pero a veces es bueno echar cuentas, porque compromisos, lo que se dice compromisos, los tenemos todos), del Editorial en El Comentario

30/06/2007 - 18:58 h

La escenificación de las negociaciones entre el PSOE e IU ha sido bastante elemental, y en esta ocasión, se han guardado todavía menos las formas que en el proceso anterior, en el que al menos se debatía sobre asuntos como la “lengua nacional” asturiana o la inconveniencia –para dar algún cuarto al pregonero ecologista- de obras que el PSOE tiene un gran interés en desarrollar, como el embalse de Caleao o la incineradora de Serín, de las que ahora ya ni se habló públicamente, por razones más que obvias –no hay quien las pare-, y eso que se supone que los negociadores de IU, forman parte de una supuesta coalición de coaliciones, en la que están integrados Los Verdes, que a su vez estaban muy calladitos porque esperaban buenos emolumentos y saneados réditos personales.

En realidad. Lo único que a estas alturas todo el Principado de Asturias tiene clarísimo, es que los dirigentes ventajistas de IU, junto con sus patéticos socios de Los Verdes y del Bloque por Asturias, se han desnudado de cualquier disimulo, y aquí a lo que se juega es una partida de cartas en la que no hay posibilidad de plantarse con una jugada razonable, porque las necesidades de condumio, mensuradas en plazas de rancho, son demasiado grandes. Y ahora contemplan, horrorizados, el abismo del paro y la desolación que produce el culo sin cojín.

Perdieron la cabeza y la puja se les escapó de las manos.

Ha sido muy gracioso, en este período, el empeño mostrado por los portavoces de Izquierda Unida, en un juego al que el PSOE no ha tenido ningún inconveniente en prestarse, consistente en atribuir un carácter “programático”, a lo que en realidad no es otra cosa que una discusión, bastante elemental, sobre el número de plazas de rancho a repartir, así como sobre la manera de regular las relaciones entre socios tan poco altruistas. Son detalles que no afloran, pero atufaba a metros cuadrados para éste, ése o aquel promotor, sin olvidarnos de la cantidad y la calidad de las estabulaciones previstas, que eran más de las que resultaba posible atender.

No había cuadra para tanto ganado.

Decían que Mario Conde, en sus mejores momentos, dio un ultimátum a las “familias” que componían su explosivo consejo de administración:

-Quiero saber de una puta vez cuántos "primos" quedan por colocar en el banco.

Estos de IU creían que utilizando la palabra “programático” nos convertían en tontos.

Si la gente no les cree, ellos pierden la partida. Pero les daba igual. Es el mal de la altura, pero también la constatación de la escasa inteligencia de quienes se creen muy listos y no dan la media. Día tras día venían hablando del puñetero “acuerdo programático”, sin duda en honor al digno inventor de la importancia mediática que tiene hoy en día el programa de los partidos políticos, un denso “tocho” o “ladrillo”, compuesto por lo general por bastantes folios, que nunca lee nadie, ni siquiera los autores –se elabora por fragmentos y así es más llevadero-, pero que al personal le vale como pretexto para justificar que en política se habla de algo más que de dinero, metros cuadrados y salarios por cabeza de funcionario partitocrático.

Y eso es lo que no entienden. Las cosas tienen que colar. Un profesional de la representación no puede olvidar que nunca debe dejar de aplicarse en el engaño con una cierta credibilidad, y a estos de IU de Asturias ya ni sus madres les siguen el rollo.

Esto de la importancia del programa lo inventó una persona muy decente, y muy respetada por todo el mundo, que se llama Julio Anguita, que cuando dijo aquello de “programa, programa, programa…”, hizo escuela, no porque lo que decía fuese muy original, pues los programas de los partidos se leían entonces tan poco como ahora, sino porque al menos teníamos la impresión de que él, y probablemente, sólo él, se leía esos programas, cosa que explicaba la convicción con la que hablaba del asunto, al igual que hacía, por ejemplo, con la Constitución Española, otro documento al que Anguita otorgó también un crédito sorprendente, cuando se empecinó en recordarnos a todos que en su articulado se contemplaba el derecho universal a la vivienda, al trabajo y otras aspiraciones que no parece que nuestra sociedad esté muy dispuesta a satisfacer, diga lo que diga la Carta Magna.

Ahora la dirección del PSOE, harta de esta farsa “programática”, ha echado cuentas, para decidir lo de “hasta aquí hemos llegado”, y está claro que no van de farol, sino que se han encargado de dejar muy claro que a ellos no se les plantan órdagos encima de la mesa -para chulos ellos; a ver quién gana en eso a Javier Fernández-, y menos si lo hace una banda organizada de jugadores de ventaja que a estas horas están dudando entre arrastrarse a pedir perdón y árnica hasta la sede socialista de la calle Santa Teresa, o pegarse un tiro, antes de que se lo peguen a ellos las “bases” indignadas, cuando descubran que la jugada socialista va en serio y que de ésta se van noventa al paro de una tacada.

Primero los trocean y luego se los comen en una ceremonia antropofágica: "hijos de puta, pero si nos ofrecían tres consejerías".

Ovidio Sánchez es mucho mejor socio para Javier Fernández, que al fin y al cabo es quien está llamado a quitar de en medio a Vicente Álvarez Areces, que estos aventureros que pretenden multiplicar por cincuenta el valor de cada voto. Jesús Iglesias, Noemí Martín, Xicu Xabel Valledor, Aurelio Martín, Ángel González, Alberto Tirador, Jesús Montes Estrada y compañía, con sus desmesurados compromisos con Los Verdes de Joaquín Arce y con el BIA de Rafael Palacios. Una enorme banda. Una familia mal avenida y patológicamente numerosa. Un clan egipciaco. Una especie de estirpe borbónica que le había caido encima a la “cosa socialista”, como si ellos no tuviesen compromisos que atender, gente que colocar, subvenciones que repartir, revistas que financiar, casas que amueblar y depósitos de coches que llenar, comidas que pagar, hijos que estudiar, queridas que atender y un mejor estatus que alcanzar.

¡A tomar por culo con toda esa gente! ¡Pero que se creen! Al fin y al cabo Ovidio Sánchez lo único que necesita es dinero para llenar los graneros de las juntas locales del PP, sedientas de financiación, al haber sido desplazadas de la aplastante mayoría de los ayuntamientos. Javier Fernández echó cuentas y la cosa no ofrece duda: “el PP es más barato”.

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