Hace unas semanas, The Economist se preguntó por la legalidad de la declaración Balfour. "¿Qué derecho tenían los británicos, en 1917, para prometer a los judíos un hogar nacional?", escribió el editorialista del semanario británico (Israel´s wasted victory, 26/ V/ 2007). Noventa años después, un analista estadounidense, Edward Luttwak, ha provocado una polémica con un artículo publicado en Prospect en el que afirma que la única manera de resolver el conflicto de Oriente Medio es que el mundo lo ignore (The middle of nowhere, mayo del 2007).

Luttwak es un caso atípico. De joven fue un brillante abogado del rearme patrocinado por la Administración Reagan. Los demócratas liberales le colgaron entonces el apodo de Crazy Eddie, un combinado de Dr. Strangelove, el inolvidable personaje de la guerra fría al que Stanley Kubrick dio vida cinematográfica, y Dr. Zhivago. Dos decenios después del hundimiento soviético, Luttwak es presa del desencanto. El ácido que antes dedicaba a los liberales lo dirige ahora hacia los jefes de empresa estadounidenses, a los que atribuye "pretensiones napoleónicas", y a los europeos como Tony Blair que, según él, han olvidado sus raíces socialistas.

Luttwak, ahora analista del Centro de Estudios Estratégicos de Washington, ha suscitado la polémica por la manera en que, según su opinión, Occidente debe contemplar el conflicto palestino-israelí. Para Luttwak, los observadores se han equivocado históricamente en Oriente Medio porque no han aprendido de la historia, ya que, entre otras cosas, han concedido una importancia a la región que, pese a su petróleo, no tiene. El analista considera que Oriente Medio, al que prefiere denominar "Medio de la nada", es una región pobre, atrasada y sin futuro. Y como corolario, propone lo siguiente: "Hay que abandonar a las sociedades atrasadas a su suerte, como los franceses, con toda razón, abandonan Córcega a su suerte, como los italianos aprendieron a hacer con Sicilia sin muchos miramientos".

El Cuarteto (EE. UU., la UE, la ONU y Rusia) no comparte la visión de Luttwak, aunque a veces lo parece (la hoja de ruta con la que el Cuarteto echó a andar preveía la creación de un Estado palestino para el año 2005). Y, ahora, el Cuarteto ha nombrado a Tony Blair enviado especial para Oriente Medio.

La elección de Blair es polémica. Los árabes empiezan subrayando su respaldo a Bush en la guerra de Iraq y terminan recordando a otro ex primer ministro británico, Arthur Balfour. La designación del ex premier también ha provocado tensión dentro del Cuarteto. James Wolfenshon, su antecesor, tuvo el apoyo de la ONU y las reservas de Washington; Blair es respaldado por Bush, pero no despierta el entusiasmo de Rusia.

La experiencia de Wolfenshon puede ser útil a Blair, cuya misión se centrará en temas económicos, no políticos. El anterior emisario siempre se dijo convencido de que Hamas, como exige el Cuarteto, debe abandonar la violencia, pero aguantó poco más de un año. Wolfenshon se despidió en abril del 2006 frustrado por "la anarquía en Gaza y por la falta de cooperación por parte de Israel" (Haaretz,28/ VI/ 2007). Preguntado por la presión sobre Hamas, afirmó: "Me sorprendería si alguien pensara que podría ganar manteniendo a los niños fuera de la escuela o haciendo pasar hambre a los palestinos; pienso que nadie en el Cuarteto cree que ésta debe ser la política, aunque a veces parece que sí".