El acuerdo PSOE-IU que estaba saliendo muy caro a los repartidores de alpiste, era barato para los que mandan de verdad, del Editorial en El Comentario
01/07/2007 - 09:04 h
A poco que escudriñemos el contenido de la prensa sobre la bomba política que es el proceso de formación de nuevo gobierno, se comprueba la estupefacción de los actores del mismo, los cronistas silenciosos y los periodistas a los que se ve a la espera de escrutar extraños signos que no existen en el firmamento -instrucciones de la "empresa"-, para venderlos como “claves de la situación”.
Y es que la “clave” más reveladora es aquella que no existe.
No hay explicación posible, con pretensiones de profundidad, para lo que es totalmente superficial, pero de consecuencias tremendamente duras para los actores "responsables".
La ruptura de la negociación es puramente alimenticia, pero sus implicaciones pueden reventar grandes graneros que se mantenían con poco alimento para las operaciones en juego. En realidad Izquierda Unida, desde cierto punto de vista -no el de la partitocracia, claro-, salía muy barata.
En El Comercio, de hecho, se inventan un listado de supuestas discrepancias “programáticas” entre el PSOE e IU para vestir un santo para el que no hay capa en toda una pañería.
Y nada más superficial que las necesidades de asiento de una burocracia caótica, un conjunto disjunto, como el que forma la incompresible coalición de coaliciones llamada Izquierda Unida -en rebeldía con su partido político fundacional, el PCE-, que está doblemente coaligada, pues a su supuesta estructura básica como suma de partidos que en realidad no existen, salvo el que controla Francisco Frutos, hay que añadir la segunda o doble asociación electoral que se supone que forma además con Los Verdes y el llamado Bloque por Asturias.
En La Nueva España siguen el juego que marca la dirección del PSOE, y reafirman la idea de que la ruptura es una decisión de los dirigentes de IU que jugaron la partida, porque en el momento fundamental, Jesús Iglesias llegó a la última reunión con cara de susto, a decir que no aceptaban la oferta de las tres consejerías y que querían dos, porque a ellos lo que les importa es el “programa”:
-“La FSA ofrecía más cargos, cuando lo que pedimos es más competencias”, -dice La Nueva España que dijo Jesús Iglesias.
Frente a lo que ahora había, Justicia y Vivienda, el PSOE ofrecía un moderado incremento de las plazas de rancho, desdoblando en dos consejerías las competencias sociales y las de vivienda, mientras que lo que exigían los negociadores iba realmente en otra dirección.
-Querían parte en el festín del suelo (celosamente controlado en la consejería de Medio Ambiente y Ordenación del Territorio de Francisco González Buendía)
-También, cómo no, en la Caja de Pandora que es la consejería de Cultura (la que tiene la manivela que abre el chorro de las subvenciones para el ejército cultural), celosamente custodiada hasta la fecha, por la obediente Ana Rosa Migoya.
El suelo es el dinero, la financiación, el control directo de la gestión de los fondos subterráneos de la política, mientras que en la consejería de Cultura está la propaganda, la RTPA, la “llingua” y los fondos para las fuerzas de choque.
Hablando en plata. El PSOE ofrecía todo lo que podía ofrecer, que no fuese capacidad de convicción pura y dura -de eso poco- un incremento de los cargos retribuidos, mientras que los desbocados pandilleros de IU querían el poder, es decir, la fuente de la que mana la financiación política directa: la magia inmobiliaria y la llave de las subvenciones. Y todo con cuatro diputados.
¡Se les fue la olla!
El silencio sobre el papel que a partir de ahora puede jugar el PP -que ya se ofreció amablemente a cooperar- es clamoroso, y lo es por dos razones.
1ª) Porque todo el mundo sabe que IU sin el acuerdo de gobierno revienta, rompe, se destroza por los costurones y estalla en los ayuntamientos, como el de Avilés o del de Gijón, que al final es el que lleva el timón de lo que es IU en toda Asturias, y por lo tanto en los cuarteles generales de la prensa asturiana esperan una procesión de penitentes de la timba de Gaspar Llamazares -que todavía no ha salido en procesión-, de rodillas, hasta las puertas de la FSA, para implorar clemencia.
2ª) Porque en el PP callan como muertos, dado que en el caso de que Llamazares no logre recomponer la situación de IU y los llamazaristas salten por los aires, dando la razón a la Asamblea de Ciudadanos por la Izquierda y por lo tanto al PCE, sobre lo perentorio que resulta introducir una cierta imagen de seriedad en la desbocada coalición, las contradicciones internas del PP empezarán a producir también grandes resquebrajamientos internos, en un partido en el que sus afiliados quieren también poder y ayuntamientos, y no componendas con el PSOE desde la cúpula.
En una situación así, y con el Principado de Asturias camino de una explosión social de la mano de los sectores menos integrados en el sistema, con todo un símbolo como son los sindicalistas Cándido González Carnero y Juan Manuel Martínez Morala en la cárcel, por la imprudencia de Antonio Trevín, los poderes fácticos son conscientes de que algo aquí está muy mal organizado y que la situación resulta de la máxima peligrosidad.
Asturias es hoy un estúpido castillo de naipes.
Cuando los poderes fácticos callan, porque no tienen opinión, todo el mundo calla. Por eso el silencio es sideral.
El sector inmobiliario está entrando en crisis en toda España y sin un gobierno que alimente alimente la construcción con el pulmón artificial, vamos mal.
En Asturias hay muchos negocios pendientes, que estaban cerrados con el control social de Izquierda Unida, mediante sus estructuras de financiación y adormecimiento de asociaciones, colectivos, oenegés y demás. El silencio de toda esa masa crítica dependiente de IU, ante el Plan del Gas por ejemplo, vale mucho dinero, ¡muchísimo! Esa cifra está sin cuantificar, y Llamazares, que jugó un importante papel en la consecución de la regasificadora para Asturias, va a tomar el timón de la situación a la desesperada, para que su invento, su improvisado gallinero ecocristiano/socialista/asturianista, montado con el ambicioso Francisco Javier García Valledor, que a su vez desestabiliza con el chico de los pendendientes, no salte definitivamente por los aires.
Si no se recompone la negociación entre el PSOE e IU, si Jesús Montes Estrada y Fernando Díaz Rañón no son capaces de forzar esa recomposición amenazando con la ruptura de los gobiernos de Gijón y Avilés, entonces, el escenario de paz social ofrecido a la oligarquía económica por el gobierno de Vicente Álvarez Areces se vendrá abajo.
No conviene olvidar un pequeño detalle en el que nunca se insistirá lo suficiente, porque hablar de él es de mal gusto.
Areces sabe que tener a IU en nómina no es sólo gozar de mayoría absoluta en la Junta General del Principado, sino que eso sirve también, y de manera muy importante, para quitarle masa crítica a la contestación social, pues IU es la encargada de desinflar el malestar de la calle. En cambio, Javier Fernández y Antonio Trevín, que trabaján en buena armonía desde hace tiempo, no tienen esa conciencia histórica que a Vicente Álvarez Areces le da su experiencia en la clandestinidad, una experiencia que ellos desconocen y que les impide valorar la naturaleza explosiva de los materiales con los que juegan alegremente.
La ruptura del pacto PSOE-IU libera las fuerzas aletargadas que IU narcotiza con el dinero y los sueldos de la administración que traslada a la sociedad a través de múltiples canales que, si se cortocircuitan deliberadamente, tal y como está sucediendo por esta pelea de plazas de rancho, puede conducir directamente a un estallido social. Y eso es mucho más complicado que un simple problema de mayorías y minorías en el gobierno, que es en lo que están pensando algunos.
Otros se rascan la cabeza y miran hacia Villabona perplejos: ¿nos habremos pasado? ¿llevamos la tensión demasiado lejos? El pacto es demasiado caro para el PSOE pero demasiado barato para los poderes fácticos. ¿Quién armoniza ahora tantos intereses?
Nadie, porque esta orquesta no tiene director. Ni siquiera le vale un metrónomo.
Silencio preocupado en el escenario.
