ACTUACION INESPERADA
El cineasta actuó ayer en el hotel Casa Fuster ante un centenar de espectadores que no esperaban su visita
Desde hace tres semanas vive en Barcelona para preparar su nueva película
Apoya el clarinete en la pierna. Los ojos cerrados.Y aguarda su pie de entrada, como lo haría un negro, anciano, cansado y débil, en su porche de Alabama mientras oye tocar un banjo amigo. Woody Allen cineasta trabaja para el público. Woody Allen clarinetista toca para su deleite. Para su placer. Para su oído. Para contentar sus sentidos y tranquilizar su espíritu.Toca con los ojos cerrados. Y escucha a sus colegas sin tampoco abrirlos. No habla. No dice. Sólo comunica por la fuerza de su música. Y, anoche, en Barcelona, por sorpresa, sin aviso previo, sin carteles, sin luces de neón, sin reclamos, logró llegar a unos cuantos corazones.
Woody Allen ayer decidió buscar consuelo en su clarinete. Buscar amparo en el piano y en el banjo de sus amigos Eddy Davis y Conal Fowkes. Buscar refugio en la música tras algunos días de localizaciones, de preparativos, de nervios y de ajetreo para conseguir que su nueva película, Midnight in Barcelona (Medianoche en Barcelona), llegue a convertirse en una realidad.
Como no era lunes -la noche que Woody escoge en Nueva York para refugiarse en el bar Carlyle, ya truene, nieve o se canten los ganadores de los Oscars-, como ayer era viernes y Woody Allen ahora vive en Barcelona, se marchó solo -sin su mujer, sin sus hijos, sin caras conocidas- hacia el escenario del Café Vienés del hotel Casa Fuster, donde dos de sus músicos, los de la Woody Allen Jazz Band, se han instalado durante las semanas que está previsto dure el rodaje de la nueva cinta del director de Hanna y sus hermanas.
Eddy Davis -director musical, banjo y vocalista- y Conal Fowkes -pianista, bajo y también vocalista- llevan tocando de martes a sábado en Casa Fuster desde el pasado 19 de junio, pero la de anoche fue la primera en que Woody llegó armado y dispuesto a compartir con ellos aventura y concierto.
Hasta ahora, en las casi tres semanas de estancia del director en la ciudad -menos unos días que marchó a Asturias para presentar la cinta El sueño de Cassandra-, Woody sólo había acudido a probar su instrumento. Una vez con público; otras, durante los ensayos.Pero, anoche, fue diferente: llegó, se sentó y se quedó hasta el final. No fue el invitado de piedra. Al contrario, se notaba en todo momento que siempre es él quien lleva la batuta. Y el público, algo más de un centenar de personas a quien la visita les supo a gloria, le premió con largas salvas de aplauso. También con algún bravo. Y, de vez en cuando, aunque tímido, con algún chascar de dedos, ese sonido que tan bien ha acompañado siempre al jazz.
Unas dos horas de concierto. Y, entre tema y tema, siempre un silencio que se hacía largo. Una espera para el espectador y un pensar para el clarinetista. Sus colegas de armas le observan.Y, mientras, Woody Allen parece perderse entre las páginas de su memoria a la búsqueda de la partitura que más le agrade, la que más le pueda encajar con el ánimo de cada momento. El público sólo nota que ya la ha encontrado porque intuye que el cineasta empieza a murmurar algo: «Un, dos, tres, cuatro», a la búsqueda del ritmo adecuado. Y también porque la pierna se le dispara.Casi baila sola. Y con ella, también empieza a danzar ese flequillo blanco y mal peinado que tantas veces ha llenado las pantallas de los cines.
Cuando no empuña el clarinete, Woody es como una esfinge; en cambio, cuando se lo lleva a la boca se trastoca: los pies, la cabeza y los hombros, que escoge y estira como si en ese movimiento encontrara el fuelle necesario para que su instrumento sea capaz de escupir música. A veces composiciones que ya ha utilizado en sus películas; otras, quizás, piezas que quiere utilizar en la cinta que ahora prepara en Barcelona.
Woody Allen llegó a la ciudad el pasado 11 de junio, casi un mes antes de la fecha -el próximo 9 de julio- en que tiene previsto iniciar el rodaje de su nueva película que, aunque desde la productora Mediapro aseguren que aún no tiene nombre, muchos ya han bautizado como Midnight in Barcelona. Una cinta en la que reunirá a Javier Bardem y Penélope Cruz con Scarlett Johanson y Rebecca Hall; una película en la que pretende retratar las virtudes de la ciudad a través de la historia de una turista norteamericana (Scarlett) que llega a la capital de vacaciones con una amiga (Rebecca) y conoce a un hombre (Bardem) del que se enamora, pero que tiene que compartir con otra mujer (Penélope).
Poco más se sabe de este trabajo. Y poco más parece que quieren explicar aunque el próximo lunes está previsto que el cineasta se reúna con la ministra de Cultura, Carmen Calvo, el conseller de Cultura de la Generalitat, Joan Manuel Tressseras, y el alcalde de Barcelona, Jordi Hereu. Pero ellos no tendrán la suerte de que el clarinete de Woody encuentre refugio en su oído.
© Mundinteractivos, S.A.

Escribe un comentario
Los comentarios están cerrados