Pasmados, de Lucía Méndez en El Mundo
ASUNTOS INTERNOS
«Convulsión», «euforia», «conmoción», «sacudida». Rodrigo Rato se ha quedado pasmado de la reacción que ha producido en España su regreso. Los medios trataron la noticia como si se hubiera desatado una crisis existencial en el seno del PP. Puede que esta crisis exista, pero no depende de la vuelta del ex vicepresidente, sino de otras cosas.
Sus amigos y colaboradores se lo advirtieron. «Aquí se está organizando la mundial con la noticia». «Qué exagerados, no será para tanto, de mí ya nadie se acuerda», les respondió él. A estas alturas ya se habrá dado cuenta de que sus colegas del PP le tienen muy presente. El presidente del PP también está pasmado por lo mismo que su amigo Rodrigo. No entiende a qué viene tanta conmoción.
Siempre le están montando jaleos, con lo que a él le gusta el orden y el sosiego.
En realidad, tienen razón los dos. El ruido organizado por la vuelta del ex candidato a sucesor es exagerado. Rodrigo Rato deja uno de los puestos mundiales mas importantes por lo mismo que un día -de forma suicida- decidió buscar su propia legitimidad como sucesor sin contar con el gran dedo de Aznar. Porque es un hombre que pone la máxima pasión en todo lo que hace y además es imprevisible. Y porque seguramente el FMI le aburre. El caso es que nadie le ha creído cuando ha explicado que quiere estar cerca de sus hijos. No porque no sea verdad, que seguramente sí lo es, sino porque nadie ni en su partido ni fuera de él está dispuesto a creerle.
Sencillamente, no es habitual que el director gerente del FMI lo deje para llevar a sus hijos a patinar por el Retiro. Si fuera una mujer, todavía se comprendería y aun así le lloverían las críticas. Pero ¿a quién se le ocurre que un hombre vaya a comprar a la droguería el gel para bañar a los niños? Es normal que los rectores del FMI estén pasmados por semejante explicación. El mundo no funciona con esas reglas y Rato pertenece a ese mundo. Cuando asumió el puesto ya sabría que no podría llevar a sus hijos al pediatra. No puede sorprenderse, pues, de que los otros se sorprendan.
Como ya se habrá dado cuenta de que el país al que vuelve es distinto al que dejó y de que su partido también es muy diferente de aquel que quiso liderar, a Rato no le queda más remedio que colaborar con Rajoy, si quiere, desde la sombra. Es completamente inimaginable que Rodrigo Rato quiera crear problemas al líder del PP, por lo que tendrá que ir con pies de plomo en sus intervenciones. Si se ha montado la mundial por el anuncio de su regreso, no es difícil imaginarse que sus intervenciones van a ser analizadas con lupa y comparadas con las de Rajoy.
Se confirma, en todo caso, que el único partido capaz de suscitar emociones fuertes es el PP.
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