Aquí lo discutimos todo, aunque ignorando con qué provecho, y nos liamos como Cantinflas con la verborrea, ajenos a la sustancia. Y cuando ahora olvidamos independizar Catalunya en las tertulias de la radio, despellejamos a Ferran Adrià en la expectante feria artística de Basilea; cuyo éxito al menos de ventas ha sido magno. Y donde los malabares platos de Adrià han podido ligar con las formas artísticas más basadas en el concepto y la extemporaneidad de realización que en la posible y arbitraria excelencia. A menudo en contra del marco referencial de la gran tradición y de la posible fusión de originalidad y genio. En Basilea se parte de los postulados de Duchamp, para quien una rueda de bicicleta o un orinal eran arte, y que afirmaba: "Son los que miran quienes hacen los cuadros".
Así Basilea es la feria por antonomasia donde afloran la búsqueda, el juego, la provocación, la zoquetería, la revelación, porque estamos ante el postulado de que todo baila y que, entonces, ya no existen convicciones, certezas ni intuiciones que puedan recordar cualquier antecedente. Duchamp creía que cualquier cosa puede ser arte y que la vida y sus consecuencias flotan en el absurdo. Entonces muchos afirman que la historia del arte se divide en el antes y el después de él. Conozco el Museo de Filadelfia, que recoge lo más significativo de su obra o contraobra, pero no me interesa.
En cambio pienso que los vídeos de Bill Viola, exhibidos en otra feria o bienal actual, la de Venecia, constituyen hoy la más emocionante experiencia artística. Aunque no los relaciono con el Renacimiento, como él y sus glosadores aseguran, sino con los prerrafaelitas ingleses y su patetismo de receta. Pese a que los supere. Y siguiendo con novedades, he visto en la Fundación Cartier, de París, una exposición llena de recovecos de David Lynch, el morboso creador fílmico de Twin Peaks y del turbador El hombre elefante.Ignoraba que pintara desde siempre y esculpiera. Pues lo hace y es grumosamente matérico, o de cuidadoso linealismo, alcanzando con sus corroídas figuraciones una intensa capacidad de degradación física e implícitamente moral, que le confieren como su cine una acusada personalidad. Viola habla de lo inexorable mortal sublimado, Lynch de lo diabólico y culpable entrañados en el ser humano. Ambos laborando con una extrema habilidad o estilo mayor, como se quiera.
En fin, que Adrià me interesa por lo que es, un prodigioso cocinero y un vecino nuestro. Y que el arte no tiene barreras, no ha llegado al fin de la historia ni cada día irrumpe genesíaco, como cree tanto energúmeno convertido en inquisidor canónico o en corderil pazguato.

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