VIDAS PARALELAS: RODRIGO RATO / GEORGES CLEMENCEAU
Anunció que se retiraba de la política. Renunció a sus cargos en el partido. Alegó razones familiares. Se marchó fuera de su país. Afirmó que jamás volvería a presentarse a unas elecciones pese a ser un brillante orador y un reputado gestor. ¿Rodrigo Rato? No, estamos hablando de Georges Clemenceau.
Clemenceau se retiró finalmente a los 79 años tras ser derrotado por Paul Deschanel en su carrera a la presidencia de la República. A Rato le quedan 21 años para llegar a esa edad.
Rato anunció por sorpresa anteayer que deja la dirección del FMI en septiembre para volver a Madrid a cuidar de sus hijos.
También Clemenceau anunció su decisión de retirarse de la política en 1909 pero volvió en 1917 para hacerse cargo del Gobierno francés cuando planeaba la sombra de la derrota tras la sangría de Verdún. Con una energía sobrehumana, El Tigre devolvió la moral a las tropas francesas y forzó la rendición de los alemanes.
Nadie se imagina a Rato paseando a sus hijos por el estanque del Retiro y comprándoles palomitas. Si Rato viene a Madrid es para volver a la política, que es lo que lleva en las venas, como Clemenceau.
Hay muchos paralelismos en la vida de ambos. Sus abuelos eran políticos, ambos mantuvieron una estrecha vinculación familiar a empresas periodísticas, los dos fraguaron su éxito en los escaños del Parlamento y también ambos se vieron amenazados por el escándalo.
La carrera de Clemenceau estuvo en peligro cuando se hizo público que un hombre llamado Cornelius Herz compraba votos para el líder del Partido Radical. Clemenceau, que había forzado con su brillante oratoria las dimisiones de Ferry y Gambetta, estuvo a punto de tirar la toalla pero fue exonerado.
A Rato le sucedió lo mismo con el asunto Gescartera cuando se reveló que una empresa familiar había recibido un crédito del banco HSBC.
«No temáis hacer enemigos. El que no tiene ninguno es porque no es nadie», decía Clemenceau. Rato tiene muchos enemigos y muchos amigos (entre ellos, Polanco).
Otra similitud entre ambas biografías es que ambos medraron con poderosos padrinos y supieron salir triunfantes de la debacle. La carrera de Clemenceau comienza con la caída de Napoleón III y la Comuna de París. La carrera de Rato tiene su gran impulso tras la dimisión de Fraga, su mentor y protector, y su apuesta por el joven Aznar.
El anglófilo Clemenceau escribió las mejores páginas de la historia parlamentaria francesa en la defensa de la inocencia de Dreyfus. Rato fue el ariete de Aznar en la demolición de Felipe González.
Rato y Clemenceau son personajes que se crecen en la adversidad y sacan partido de las crisis pero al final pierden porque carecen de límite en sus ambiciones. Clemenceau no supo retirarse a tiempo y Rato aspira probablemente a ser el sucesor de Rajoy si éste le deja.
Hay quien culpa a Clemenceau de la II Guerra Mundial por las insoportables condiciones que impuso a Alemania en Versalles. Tal vez la llegada de Rato pueda contribuir en el futuro a des-encadenar otra guerra en el PP, cuyos dirigentes le han sonreído como al visitante inesperado que se presenta a cenar en casa.
© Mundinteractivos, S.A.

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