A FONDO
Uno de los mejores amigos de Rodrigo Rato le envió ayer un SMS nada más conocer la noticia de su dimisión al frente del Fondo Monetario Internacional (FMI): «Has provocado un terremoto en Madrid». En la calle de Génova, los teléfonos echaban ya humo. ¿Lo sabía Rajoy? ¿Significa esto la vuelta a la arena política del que durante mucho tiempo fue considerado como el heredero natural de Aznar?
Pero desde Washington las cosas se ven de otra manera. Rato lleva ya tres años como director gerente del FMI, ha culminado importantes reformas, ha gestionado razonablemente bien los «intereses del capitalismo», como suele decir con ironía, y ahora toca poner en orden su vida personal y familiar. En este caso, esas razones no son una burda excusa, sino que se corresponden con la auténtica verdad.
¿Volver a la política? «No, de ninguna manera», afirma. «Apoyaré a mi partido, iré a los mítines que haga falta y aplaudiré a Mariano, a Esperanza y a Alberto, pero nada más», responde como queriendo apartar de sí un cáliz lleno de recuerdos.
El jefe del FMI dejará su cargo tras la Asamblea Anual de la institución que se celebra en septiembre. O sea, que volverá a Madrid en plena precampaña electoral.
La sola idea de que Rato pueda reingresar en la cúpula del PP pone nerviosos a los socialistas, ya de por sí inquietos tras el resultado de los comicios del 27-M.
Llevaba meses rumiando la idea de abandonar el FMI, pero el jaleo en torno al presidente del Banco Mundial, Paul Wolfowitz, le hizo retrasar el anuncio de su marcha.
Tiene varias ofertas (en España y en Europa), pero aún no ha cerrado nada. «No tomaré ninguna decisión hasta que no deje el FMI», asegura.
Hace seis años, cuando el PP gobernaba con una cómoda mayoría absoluta, el entonces todopoderoso vicepresidente económico dejó a todo el mundo boquiabierto cuando filtró que no quería optar a la sucesión de Aznar. El anuncio desató las ambiciones de otros barones que hasta ese momento ni soñaban con aspirar a ello, tal era el convencimiento de que nadie le discutiría la primogenitura.
Mucho se ha especulado con la vuelta de Rato. Para Rajoy, consolidado en la Presidencia del PP y reforzado por los resultados de su partido, la incorporación de un hombre de la talla del asturiano a su equipo sería, sin duda, un sólido aval para afrontar con garantías de éxito las próximas elecciones generales.
La conjetura tenía sentido: Rajoy, de numero uno y Rato, de número dos. Un pacto a lo Blair/Brown. Un ticket que muchos militantes del PP comprarían a ciegas.
¿Será posible una carambola de esa naturaleza? ¿Existe la posibilidad de que, además de dar cobertura a sus compañeros, Rato suba a la tarima y arengue a los suyos?
Como no podía ser de otra forma, le insisto. ¿Imposible? «No hay nada imposible. Pero lo veo muy difícil, a no ser que me lo pida el partido. Entonces, ya vería».
Rato es un activo no sólo para el PP, sino para la política española. Su lealtad está fuera de toda duda. Su capacidad se vio reconocida internacionalmente cuando logró algo que nunca antes había conseguido un español: llevar la gerencia de la institución financiera más importante del mundo. Por tanto, sería un lujo no poder contar con él. Ahora bien, Rato es humano. Y como tal, tiene derecho a tomar sus decisiones por amor a sus hijos.
casimiro.g. abadillo@el-mundo.es
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