Los seres vivos estamos constituidos por células. Y son las células las que confieren la gran variedad de nuestros tejidos y órganos, tales como la sangre, los nervios y el cerebro, la piel, los huesos, los músculos, etcétera.

Sin embargo, las células no sólo dan lugar a esta gran variedad de tejidos, sino que al organizarse de forma distinta dan lugar a estructuras variadas. Así, por ejemplo, aunque una pierna y un brazo contienen tejidos similares, su distinta organización da lugar a extremidades diferentes adaptadas a funciones específicas, como la locomoción en un caso o la capacidad de agarre en otro.

Pues bien, lo que el último premio Príncipe de Asturias acaba de reconocer es la labor de Ginés Morata y de Peter Lawrence al identificar los procesos y los mecanismos que permiten el desarrollo de las distintas partes de un cuerpo con sus características propias. Este campo de investigación se conoce con el nombre de biología del desarrollo, y su trabajo se ha llevado a cabo usando un animal modesto - insignificante, dirían algunos-: la mosca del vinagre, cuyo nombre científico, Drosophila melanogaster,empieza lentamente a ser conocido.

Una de las aportaciones más revolucionarias de la investigación en biología es haber puesto de manifiesto que los mecanismos básicos se hallan conservados en los distintos seres vivos, y, entre éstos, también en nosotros, los seres humanos. Esta igualdad en distintas especies es lo que justifica la elección de un organismo en concreto como sistema modelo. En este sentido, la Drosophila ha sido una herramienta que se ha mostrado enormemente útil, y los resultados conseguidos mediante su estudio han identificado mecanismos de relevancia general.

Ginés Morata y Peter Lawrence han mantenido una larga colaboración durante su vida científica, tanto mediante la participación en proyectos conjuntos como mediante un comunicación muy fluida en los proyectos que han desarrollado independientemente. Varias aportaciones de su trabajo han sido fundamentales para entender el desarrollo. Quisiera destacar algunas, como su trabajo en un tipo especial de genes que se encargan de dar las característica propias a las distintas partes del cuerpo, o su trabajo acerca de cómo los organismos se desarrollan mediante módulos constituidos por grupos de células que no se mezclan entre sí y que adquieren características genéticas propias. Precisamente, los trabajos más recientes de Ginés Morata se han centrado en el papel que estos módulos desempeñan en el control del tamaño de las distintas partes del cuerpo, y cómo en estos módulos las células más aptas son capaces de competir con las menos aptas, de forma que pueden provocar la muerte de estas últimas en un proceso conocido como competición celular. Por su parte, Peter Lawrence hace tiempo que dedica su investigación actual a entender cómo las distintas células que forman parte de una misma estructura adquieren la capacidad para organizarse y orientarse en una misma dirección. Una vez más, detrás de estas cuestiones se esconden mecanismos básicos con profundas implicaciones tanto en el desarrollo normal como en condiciones de enfermedad.

Quisiera acabar, como discípulo de Ginés Morata, mencionando unas características que creo fundamentales en su labor científica: por un lado, su genuina pasión por una investigación en cuyo interés siempre ha creído al margen de los vaivenes de la moda y de la repercusión mediática; por el otro, su capacidad formativa, su manera de trabajar en equipo y su capacidad para crear escuela.

JORDI CASANOVA, profesor de Investigación del CSIC y miembro del IRB de Barcelona.