Cuando, la semana pasada, el carro de Europa salió de un atolladero de dos años, no se percibió, entre los europeos en general, gran entusiasmo. O porque esta cuestión ha aburrido por su difícil comprensión, o porque ha pasado la ilusión, el hecho es que el europeísmo, en esta ocasión, no se ha hecho bastante notorio, ni aquí ni fuera de aquí. Cierto que la cumbre borrascosa de Bruselas se cerró a las cinco de la mañana. Una hora mala para que los periódicos de aquel día pudieran recoger y comentar la buena noticia. Cuando pudieron hacerlo, al día siguiente, ya se había evaporado parte de su contenido, convertido en ondas de radio y televisión. Luego el alud noticioso de cada día ha sepultado un poco el tema de la recuperación europea, aunque haya dejado buenas sensaciones.
Positivas especialmente porque la Europa raptada vuelve a andar, aunque lo haga, como siempre, con la lentitud de la tortuga. Sin embargo, la tortuga puede llegar antes - Lafontaine- que la alocada liebre que, sobrada de tiempo, se duerme por el camino.
Sin el vibrante Sarkozy, el encuentro presidido por Merkel habría sido menos dinámico. En todo caso, en cuanto se rehace el tándem Francia-Alemania las cosas andan. No debe olvidarse que la UE existe gracias al primer acuerdo, con las armas todavía humeantes de la Segunda Guerra Mundial, entre Alemania y Francia, al que se sumó inmediatamente el Benelux (Bélgica, Holanda y Luxemburgo), que, debido a su adalid, se le llamó, humorísticamente, Spaakistán. Por ello mismo el parón en que se había caído después del rechazo de la Constitución por parte del electorado francés significó un gran peligro para la viabilidad de una Unión Europea todavía no consolidada. Si se hubiera tratado de otro país como la misma Holanda, que también rechazó la Constitución, se habría podido continuar la marcha, pero si el obstáculo era Francia, el camino quedaba cerrado. Hasta su resolución, la cumbre de la cual hablamos provocó ansiedad. Por lo menos en aquellas personas que por vocación o por oficio han seguido de cerca - y hasta en primera línea- las tareas iniciales en pos de la UE.
La dificultad de los debates hizo que se prolongaran hasta la alta madrugada. Singularmente por las posiciones tomadas por los británicos y los polacos. Por eso y porque se tuvieron que reducir medidas ambiciosas, se ha podido decir que la cumbre no se tradujo en euforia, sino en una sensación agridulce. Como se ha podido comprobar, el Reino Unido ha recabado quedarse al margen del nuevo alto comisariado de Asuntos Exteriores, que no será un portavoz como hasta ahora, aunque tampoco un ministro con gran potestad, como se pretendía. El Reino Unido tampoco estará en los reglamentos sociales y de otros órdenes. Pero esto no nos podía pillar de nuevas porque ya no entró en el euro o moneda única y se quedó al pairo. Sus enlaces con Norteamérica son imperativos. El Reino Unido no quiere ni puede exponerse a enfrentarse con los norteamericanos, que son más que sus primos hermanos. Cuando Churchill se entrevistó en secreto con Roosevelt, entre los hielos del Atlántico Norte, para recabar la entrada en guerra de Estados Unidos, se demostró que Washington se lanzaba a la aventura para defender, en primer término, las islas Británicas, lo que suponía, naturalmente, enfrentarse al nazismo y sus aliados. Y menos mal que a Tony Blair, que se acaba de despedir, se le ha considerado más europeísta que otros de sus congéneres. Nada nuevo por este lado. En todo caso mejor que el vaticinio de De Gaulle: "Inglaterra debe quedar fuera de Europa porque si entra en ella la deshará".
En el agridulce también cabe apuntar, y eso sí como sorpresa, la actitud polaca interpretada por los dos hermanos gemelos de película de Hitchcock. Se intercomunicaban telefónicamente mientras uno permaneció en Varsovia y otro en Bruselas. Al unísono pretendieron - y en parte obtuvieron- tener una representación de voto superior a lo que daría el número de sus habitantes. Adujeron algo curioso: querían contabilizar el mismo índice de votación que habrían obtenido de no faltarles los millones de polacos muertos bajo las armas alemanas y rusas. Es evidente que Polonia fue mártir por partida doble. Atacada por nazis y soviéticos, tuvo que sufrir la ocupación comunista durante muchos años. No quieren olvidar algo que no debería permanecer sobre la mesa en unas negociaciones que miran hacia el futuro. Los componentes de la UE deben mantener una amistad no sólo de buena vecindad, sino de asociados de una misma empresa. Con la amenaza del veto se acabó por aceptar la tesis polaca, que, de rechazo, mantuvo a España en una situación favorable en este índice de votación que durará todavía unos diez años. El líder del PP, en lugar de congratularse por el logro europeísta de la cumbre de Bruselas, acusó a Zapatero de no haber hecho nada para lograr el índice electoral que obtuvimos indirectamente gracias al berrinche polaco. Zapatero o España hicieron muy buen papel en la cumbre, aplegándose, desde el primer momento, al núcleo duro de alemanes y franceses con apoyos italianos. Ésa es la base europea de ayer, de hoy y de mañana.
Fue Kennedy quien dijo a sus conciudadanos: "No preguntes lo que el Estado puede hacer por ti, sino lo que tú puedes hacer por él". Esta recomendación sería muy conveniente para muchos europeos que sólo ven en la UE subsidios agrícolas u otras ayudas, sin ceder, en cualquier caso, cuotas de soberanismo que la mayor parte de los países defienden con uñas y dientes. Pase que el Reino Unido no quiera un mando supranacional en Bruselas, porque ya dijimos que ellos van de acompañantes de una Europa continental. Pero si otros países ven la UE sólo como una tómbola para recabar mejoras y ayudas, no lograremos constituir la UE que necesitamos para no desaparecer, desunidos, bajo el peso de China, de Norteamérica e incluso de Rusia.
Europa y su consolidación interesan individualmente a cada uno de nosotros, que no en vano somos sus ciudadanos. Nos afecta a todos en el presente y para el futuro.

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