Su designación amenaza perjudicar la ya difícil labor del Cuarteto

"Nombrar a Tony Blair como enviado especial en el proceso de paz árabe israelí -ha escrito Rami G. Khouri en el diario beirutí Daily Star- es como nombrar al emperador de Roma jefe de los bomberos de Roma". El ex primer ministro británico en su nuevo cargo otorgado por el Cuarteto -EE. UU., ONU, UE y Rusia- para fomentar una negociación dificilísima, por no decir imposible, entre Israel y la maltrecha y dividida Autoridad Nacional Palestina, con el objetivo de fundar un Estado independiente palestino junto al Estado israelí, ha provocado comentarios muy hostiles en los países árabes.

Nadie olvida en Beirut su visita del año pasado a los barrios chiíes bombardeados durante la guerra, cuando fue abucheado por el vecindario. Los libaneses echaron en cara a Blair que no había movido un dedo en favor de un cese de hostilidades que impidiese los brutales ataques israelíes sobre este vulnerable país. El ex premier británico se justificó haciendo hincapié en que, hasta que no se garantizase la seguridad del Estado israelí, no podría lograrse ningún compromiso.

Algunos articulistas le han tratado de "hipócrita" o de "parcial" respecto a EE. UU. e Israel, cuando analizan la política exterior de sus años de mandato como jefe del gobierno de Su Graciosa Majestad británica. Los palestinos tienen muy presente el completo apoyo de Blair al boicot de EE. UU. e Israel a la organización islamista Hamas. Los árabes le acusan de haber compartido con el presidente Bush la responsabilidad de descuartizar la República iraquí, formada por sus diversas comunidades étnicas y confesionales. El entusiasmo de Blair en desencadenar la guerra contra Iraq sobre probadas falsedades como la existencia de su arsenal de armas de destrucción masiva, o sobre erróneos cálculos, ha causado inmensos sufrimientos y catastróficas devastaciones en Oriente Medio. Su apoyo a la invasión ha ampliado, maléficamente, el círculo del terror y el brutal movimiento en su contra en nombre de la lucha antiterrorista.

Tony Blair es presentado, en algunos periódicos, como el paladín de la "intervención humanitaria" que es, a la postre, tan sospechosa, tras los mortíferos resultados obtenidos.

Pero la crítica más dura que se le hace es su confusión entre islam y terrorismo y su constante rechazo a aceptar que las políticas extranjeras de EE. UU., Israel, Reino Unido, y otras naciones europeas contribuyen a precipitar la violencia en Oriente Medio.

La designación de Blair como enviado del Cuarteto no sólo perjudicará su ya difícil labor, sino que alimentará la hostilidad, o por lo menos el escepticismo, de sectores políticos árabes. Hace pocos días, Álvaro de Soto, que había sido enviado personal del secretario general de la ONU en esta región, publicó un informe abrumador en el que acusaba a Bush de obstaculizar los esfuerzos de paz y explicaba como la comisión del Cuarteto había quedado paralizada. De Soto, con su claridad y valentía, ha comprometido su carrera política internacional.