El futuro de Rato está escrito en las estrellas", decía en el año 2003 un ministro y compañero de gabinete del entonces vicepresidente primero y ministro de Economía. Los astros, en este caso un señor con bigote y pasado de inspector de Hacienda, decidieron que el elegido sería otro, el hoy presidente del PP, Mariano Rajoy.
Rato recibió como premio de consolación la gerencia del Fondo Monetario Internacional (FMI), cargo que muchos en España y en el mundo deseaban para sí mismos. Pero a Rato se le siguió viendo como un actor del mundo político y empresarial español, connotación que en su momento le valió incluso alguna crítica de la prensa internacional. Que añoraba la política española era algo más que una sospecha. Tal vez por eso, ahora a muchos les va a costar creer que su marcha de Washington y su regreso a España es ajeno a las ambiciones políticas.
Pero, mientras no se demuestre lo contrario, habrá que tomarle la palabra; de hecho, el equipo de fieles de su última etapa como segundo del gobierno de Aznar está ahora dividido entre quienes se dedican a la actividad en el sector privado - destino que también dice ambicionar Rato- y quienes han aceptado el cobijo ofrecido por la presidenta de la Comunidad de Madrid, Esperanza Aguirre.
Entre los primeros, Juan Costa, en Ernst and Young; Luis de Guindos, Lehman Brothers; Elena Pisonero, KPMG; José Manuel Fernández Norniella, Endesa, Caja Madrid e Iberia. En el segundo equipo, José Folgado, alcalde de Tres Cantos; Juan José Güemes, consejero del Gobierno de Aguirre; Ramón Aguirre, metro de Madrid. En el punto intermedio, Vicente Martínez Pujalte, portavoz económico del PP en el Congreso, y Cristóbal Montoro, europarlamentario con despacho de asesor privado en la capital. Aparentemente, cada uno a lo suyo. Aunque sólo el futuro puede desvelar si estarían dispuestos a acudir a la llamada en el caso de que circunstancias excepcionales cambiaran el mapa de las estrellas.

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