BULEVAR
No he podido ver todavía Sicko, la película que Michael Moore filmó sobre las deficiencias del sistema sanitario norteamericano, en comparación con el cubano de Fidel; ni creo que la pueda ver en las próximas semanas, porque podría ser confiscada. El director violó una de las leyes de su país al trasladar a un grupo de trabajadores de los servicios de emergencia de Nueva York a la bahía de Guantánamo; estaban afectados por los efluvios del 11-S, y en Cuba recibieron asistencia gratuita. Por el momento, hubo un solo pase de la película, en Nueva York, que culminó con una ovación. Michael Moore ha puesto, otra vez, el dedo en la llaga, al denunciar que en un país rico, como USA, el estado sólo cubre la asistencia médica a personas de ingresos muy bajos o jubilados; el resto tiene que arreglárselas con seguros privados, pagados entre el empleador y el empleado, pero que no cubren, muchas veces, las operaciones, los trasplantes o las convalecencias.Esta política extremadamente liberal en materia de salud iba a ser una de las bazas de la candidata a la presidencia, Hilary Clinton, pero la senadora ha puesto el freno a su proyecto, ante la resistencia de las corporaciones de médicos, hospitales, laboratorios y todos los que se enriquecen con el dolor ajeno. Una consulta al ginecólogo, ha dicho Moore, puede costar 400 dólares. (En España hay muchos médicos privados que cobran lo mismo, pero por suerte, gozamos de un sistema sanitario de atención general). La comparación con Cuba, país pobre pero que tiene una asistencia médica y hospitalaria gratuita y universal, ilumina algunas de las contradicciones del capitalismo salvaje: cómo educar en la solidaridad, la responsabilidad, la colaboración cuando el beneficio económico es el objetivo prioritario. Pero también ilumina acerca de las taras del sistema comunista: difícilmente un cineasta cubano podría rodar una película crítica con el comunismo caribeño y obtener una ovación en su primera exhibición en La Habana.Entretanto, habrá gente que para pagar una operación de apendicitis tendrá que hipotecar la casa, en USA, o elegir qué dedo se le implanta, después de un accidente, porque no puede pagar por los dos.
A nadie escapa que el régimen de Fidel en Cuba está abriéndose lentamente, y tengo una prueba: me invitaron a mí, recientemente. Rechacé la invitación: no he ido nunca a Cuba, ni iré, mientras haya delito de opinión o segregación de los homosexuales. Y ojalá Hilary Clinton, si llega a la presidencia de USA, consiga reformar el sistema sanitario. La perversión del sistema capitalista nos hace creer que son ricos los más inteligentes; no es verdad; suelen hacerse ricos los menos escrupulosos, los más corruptos, los más explotadores, vieja palabra que ni siquiera se vuelve a usar ahora que los inmigrantes hacen crecer la tasa de nacimientos en nuestro país. ¿Dije país? ¿Tendría que haber dicho estado? ¿Nación? No me pongan nerviosa, que todavía no he recibido la invitación a Fráncfort.
© Mundinteractivos, S.A.

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