Con voz queda, como sin querer, el arquitecto valenciano Santiago Calatrava lanzó ayer una auténtica provocación al discurso dominante: el siglo XX buscó "la funcionalidad y el rigor" y ya es hora de volver a colocar a "la belleza" como principal objetivo de la intervención arquitectónica. El siglo XXI debe centrarse en la "arquitectura como arte".
Y lo hizo recibiendo el premio Nacional de Arquitectura, de manos de la ministra de Vivienda, María Antonia Trujillo, una ceremonia en la que este año estaban además reconocidos los mejores proyectos de viviendas de calidad - tanto de promoción pública (edificio San Jerónimo de Sevilla, de Francisco Javier Terrados Cepeda y Fernando Suárez Corchete) como privada (plaza central de Las Tablas en Madrid, de Marta Maíz y Enrique Herrada)-, el mejor planeamiento urbanístico (al plan territorial insular de Menorca, firmado por José María Ezquiaga) y la mejor labor de promoción del debate arquitectónico, al catedrático de Composición y crítico Josep Maria Montaner.
La reivindicación de Calatrava, en un momento en el que cobra intensidad el debate respecto a la formalidad de la arquitectura actual, sonó a desafío, pese al tono prudente del arquitecto valenciano, que defendió algunos de los proyectos más controvertidos que tiene en marcha, como el cuarto puente de Venecia, el rascacielos del centro de Chicago, el Palacio de Congresos de Oviedo o el proyecto de un teatro de la ópera para Palma de Mallorca.
Calatrava reivindicó el derecho que le asiste como artista - en alusión a la polémica con la pasarela Zubi Zuri en Bilbao- y aprovechó para defender un modelo multiurbano para España: "La fluidez en las comunicaciones de alta velocidad puede favorecer que las ciudades de tamaño medio alivien la presión sobre Madrid y Barcelona, creando un nuevo equilibrio".
ESCENARIO DE LA VIDA. El discurso de Calatrava contrastó con el de los premiados a la calidad de viviendas, que destacaron que, pese al oropel de los equipamientos, es mayor el desafío de crear espacios que serán "el escenario de la vida".
UN MUNDO MEJOR. Josep Maria Montaner, por su parte, defendió la pertinencia de la existencia del crítico y concluyó que la salud de una sociedad puede medirse por su número, pues es su voluntad la de "mejorar el mundo" con su mirada.
OTRO URBANISMO. El desarrollo menorquín fue premiado por conjugar crecimiento y sostenibilidad, fruto, dijo su autor, de una "ciudadanía madura" que demuestra que "otro urbanismo es posible".

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