Jenófanes, mi gato filósofo, desde el rincón en el que todas las mañanas de sol pone a calentar sus viejos huesos, no quita ojo al gallinero, lo que le proporciona mucha materia para sus meditaciones. No siempre puedo precisar la profundidad de sus pensamientos, pero su expresión oscila entre la sonrisa y la carcajada loca.
Cuando se convocó la reunión para la elaboración del plan de adecuación del tiempo de escarbado y alimentación (PATEA), durante cinco horas se quitaron el cacareo del pico unas a otras sin llegar a ningún acuerdo, excepto que Osgüal no era un auténtico plymouth rock y además había nacido en Eros de Avilés, que Etelvina exigía una discriminación positiva de más tiempo de escarbado por ser cojita y que Elvira y Celestina resultaron ser parientes. A Jenófanes no se le quitó la sonrisa durante una semana.
Un ataque de risa convulsa le duró varias horas, con réplicas durante los días siguientes, cuando el gallito de la quintana quiso sustituir el viejo bebedero de las vacas por un magnolio. El día del árbol, con la concurrencia de los pollitos de la escuela, muy ufano fue a dar la protocolaria primera palada, pero el manantial que había sido cegado convirtió el terreno en un lodazal del que hubo que sacarlo arrastrándolo por la cresta.
Hace unos días vino de visita una amiga que es profesora de Física, cuando paseábamos junto al gallinero se acercó el gallo Ernesto, que es un sabelotodo, y sin venir a cuento comenzó a explicarle la estructura del recinto avícola a base de zapatas de hormigón de no sé cuántos centímetros y remaches del catorce. Rápidamente se formó a su alrededor un corrillo de gallinas y gallos, en el que todos tenían algo que decir. Mi pobre amiga aguantó el rollazo de espontánea ingeniería infusa callando prudentemente, pero ante cada una de las numerosas pollinadas sobre fuerzas y tensiones que trufaron la disertación no podía evitar bizquear. Con el rabillo del ojo vi a mi gato rodando por el suelo de risa.
Más tarde se vino a frotar contra mis piernas y me dijo:
-Lo que más risa me da de todo es lo serios e interesantes que se ponen. Todo es un continuo despropósito y parece el guión de una comedia delirante, pero hasta la gallinácea más mindundi se da unos aires de importancia y circunspección que parece que el mundo gire gracias a su sensatez y conocimiento. Hay incluso quien se gasta unos malos humores de cuidado.
-Es que las tengo muy consentidas.
-Pues los humanos podéis aplicaros el mismo cuento. Vuestro día a día es puro surrealismo y os comportáis como las gallinas. No va quedando nadie que se ría de vuestras tonterías. Desde que se murió José Luis Coll sois todos circunspectos importantísimos y listísimos, pero no sabéis ni llenar un vaso de agua.

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