PRISMA
Cuando se acerca el verano hay que pensar en planificar el tiempo con detalle si uno quiere aprovechar una mínima parte de la oferta cultural que nos proponen los múltiples festivales que se reparten por toda Cataluña. No deja de ser curioso que a lo largo del año sea más bien complicado ver espectáculos internacionales, en cambio, en julio y agosto no hay día que pase sin que en alguna parte haya una propuesta interesante.
En algunos casos para comprar las entradas hay que darse mucha prisa, lo que indica la voracidad de los catalanes para ver a algunos artistas míticos cuya presencia es poco habitual y que solo se da en estos festivales de verano. Evidentemente hay otras propuestas, no siempre menos arriesgadas pero poco conocidas a las que les cuesta un poco más llenar y que son las que le dan a cada evento su propia personalidad. Hace años que la venta de entradas, es decir el volumen de facturación del negocio del espectáculo es muy estable y los programadores conocen muy bien el margen de riesgo que asumen en cada momento.
La concentración de espectáculos en verano tiene su explicación porque a cualquier municipio le gusta tener una programación estival que dé solidez a su oferta turística, aún a costa de reducir la actividad regular que se desarrolla a lo largo del año. Eso es normal, salvo que de tanto festival y de tanta gira internacional, el producto local se va quedando sin apoyos.
Si repasamos las programaciones de los festivales de verano que se celebran en Cataluña observaremos que la mayor parte de los espectáculos son estándares internacionales o españoles y que los productos catalanes prácticamente no existen o no están en los espacios centrales. En Francia, Alemania o Inglaterra ocurre lo contrario y los festivales sirven, entre otras cosas para lanzar a los artistas locales y ponerlos en orbita internacional.Nos pasamos el día diciendo que en Catalunya hay un gran talento artístico y que a falta de mayores posibilidades nuestro país es una fabrica cultural, pero a la hora de la verdad vivimos de los creadores de los 70 y los 80 sin darles apenas juego a los que vienen después. En los teatros barceloneses los nuevos autores tardan años en salir de las salas alternativas o de las segundas salas del Lliure o el Nacional y prácticamente ningún cantante joven ha dado el salto a un estrellato mediático.
Tal y como está el patio parece que hay mucha gente que sólo consume espectáculos en verano y parece igualmente que lo consume todo por igual. Con pequeñas diferencias los porcentajes de ocupación de los festivales son muy altos por lo que cabría exigirles una mayor complicidad con las propuestas de los artistas catalanes que en general están condenados a vivir de las giras municipales y muy alejados de los eventos que dan prestigio y que te ponen en el mapa europeo.
A fuerza de consumir cultura, a veces nos olvidamos de mirar qué es exactamente lo que ponemos en la cesta de la compra cultural y es una tragedia observar que las tiendas están llenas de excelentes artistas locales y que nos pasamos el día consumiendo marcas extranjeras. Ya sé que es absurdo predicar un reparto más equitativo de las programaciones internacionales a lo largo del año, pero no estaría mal que Peralada, CapRog, Portaferrada o el mismísimo Grec pusieran en órbita mundial cada temporada a un artista catalán.Es decir, que fueran un poco más allá de convivir con la presión del productor local.Que nos libren no sólo de nuestra macropolítica, sino también de la micro. Que nos salven, por favor, de nosotros mismos.
© Mundinteractivos, S.A.

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