El arte de «proyectar más de una sombra», de Raquel García en El Mundo
PRINCIPE DE ASTURIAS DE LAS LETRAS
Aceitunas. Queso. Pan. Calor. Desierto. Piedra. Tierra. Dolor. Tristeza. Un mundo pequeño, sencillo, descrito en hebreo, en la lengua de los antiguos israelitas y de los actuales israelíes, es lo que nos ofrece Amos Oz en sus novelas.
Amos Oz es uno de los autores actuales más enraizados en la cultura patrimonial hebrea y más influido por los grandes escritores en lengua hebrea de finales del siglo XIX y principios del XX. Sus novelas son música de cámara tocada en hebreo, un idioma moderno lleno de acordes ancestrales que evocan una cultura y una herencia renacida. Las distintas voces y sonidos de sus obras se van uniendo para formar una gran sinfonía, una sinfonía en la que las montañas, los desiertos, el mar, la noche, el día, Jerusalén o el kibbutz y, fundamentalmente, las familias, las «familias infelices» son los personajes; una sinfonía que gira en torno a su propia biografía: «Todo lo que he escrito en mi vida es autobiográfico, en la medida en que tracemos una línea divisoria: autobiográfico pero no confesional», y muy especialmente alrededor del suicidio de su madre, el acontecimiento que marca su vida y su obra, que significa el fin de la infancia y el inicio de su nueva vida hasta llegar a convertirse en escritor.
Para alcanzar el lugar que hoy ocupa en la literatura israelí y en la literatura universal, Amos Oz ha caminado por la senda trazada por autores como Chéjov, Tolstoi y Dostoievski, pero sobre todo ha seguido los pasos de autores hebreos tan importantes como Berdichevsky y Agnón, el único escritor en lengua hebrea que, hasta la actualidad, ha sido galardonado con el Premio Nobel de Literatura.
Oz comienza su carrera literaria en los años 60 escribiendo relatos cortos que se apartan de la literatura realista de la generación anterior. Es a partir de años 70 cuando empieza a publicar novelas, como Mi querido Mijael, Un descanso verdadero, No digas noche o El mismo mar. Recientemente se ha publicado De repente en lo profundo del bosque y próximamente se editará en España su última novela, Versos de vida y muerte. Una historia de amor y oscuridad es la obra más importante publicada en los últimos años. Se trata de una obra autobiográfica donde el autor hace un recorrido desde la vida de sus antepasados en la diáspora, pasando por la emigración a Eretz-Israel de sus abuelos hasta la difícil adaptación de su madre a un mundo hostil y desconocido para ella. Un importante documento histórico, social, político y literario de un pueblo obligado a abandonar el paisaje centroeuropeo y el mundo hasta entonces conocido. Allí, en la Jerusalén que poco después vivirá el emocionante momento de la creación del nuevo Estado, nace Amos Oz y de allí se alejará tras la muerte de su madre para vivir en el kibbutz Hulda, donde comenzará a escribir y donde descubrirá su universo literario. «Donde tú estás, está el centro del universo», dice en Una historia de amor y oscuridad.
Desde el inicio de su carrera, Amos Oz ha escrito sobre el pequeño mundo que le rodea, un mundo que es un reflejo de la sociedad israelí tras los años heroicos anteriores y posteriores a la creación del Estado de Israel, una realidad completamente distinta a la vivida por los autores de la generación anterior. La vida cotidiana y sencilla de individuos que habitan en ese mundo está siempre en el centro de sus obras; los mismos individuos sencillos, tristes, atormentados que poblaron la literatura hebrea de principios del siglo XX y que los autores de los años 40 relegaron al olvido.
En un hebreo rico, metafórico y poético, donde se oyen tantos registros lingüísticos como las voces que forman sus sinfonías, Amos Oz escribe sobre «el centro del mundo», el pequeño mundo de un Israel marcado por la guerra, los problemas de identidad, los conflictos generacionales, la incomunicación, el deseo de huida.
Éste es el mundo literario de Amos Oz: un lapicero con una goma en el extremo y una taza de plástico de color beige llena de agua tibia del grifo. Ése era el centro del mundo.
A través de las obras de Amos Oz, el lector español puede adentrarse en ese mundo casi desconocido a este lado del Mediterráneo, en la verdadera realidad de un pueblo que, parafraseando a Aharon Appelfeld, vive en «un presente en llamas». Sin embargo, a pesar de que Oz es un autor reconocido por su compromiso político, por su labor como miembro del grupo Paz Ahora y su incuestionable apoyo al proceso de paz entre palestinos e israelíes, su literatura no es ideológica. Para él, la política y la ideología están representadas por el Israel del día, el Israel que describe en sus artículos de opinión, mientras que su literatura es un canto al Israel de la noche, al aullido de los chacales en el desierto y a los cuentos sobre lobos y bosques oscuros que una madre cuenta a su hijo antes de dormir. Las pesadillas y tormentos de los personajes que transitan por un mundo de tinieblas y oscuridad nos permiten, no obstante, conocer la Historia de todo un pueblo, de generaciones que tuvieron que enfrentarse a un trágico destino, y adentrarnos en la realidad de un país tan complejo como Israel.
«Todo tiene dos caras, salvo la sombra», le decía su padre. Pero este mago de las palabras nos enseña en sus novelas que también es posible «proyectar más de una sombra».
Raquel García es la traductora al español de las obras de Amos Oz y profesora del Departamento de Hebreo de la Universidad Complutense de Madrid.
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