Salvo error u omisión, la Constitución Española solo reconoce la objeción de conciencia para el servicio militar (artículo 30). Y hasta esa previsión ha quedado obsoleta con la profesionalización. Por tanto, no tiene sentido acudir a una vía muerta para cargarse la asignatura de Educación para la Ciudadanía, por mucho que los obispos glosen la jurisprudencia del Tribunal Constitucional sobre el artículo 16 (libertad ideológica y religiosa).

Si esos obispos, el PP y quienes les apoyan, hubieran aprendido a su debido tiempo Educación para la Ciudadanía, asumirían con normalidad que un país es soberano para dictar leyes cuyo cumplimiento nos obliga a todos, sin excepción. Por el mismo precio, deberían saber que no es la objeción de conciencia sino el recurso de inconstitucionalidad su único cauce -civil, claro- para denunciar la supuesta violación del mencionado artículo 16, o el 27 (sobre libertad del padre para elegir la formación religiosa y moral de sus hijos), o el que sea.

Es como caminar hacia atrás por el túnel del tiempo. La Iglesia y el Estado amancebados o a la greña en el marcaje de sus respectivas esferas de poder. Un clásico en la historia de Occidente. Por no rastrear en nuestra propia historia antecedentes tan sórdidos como el obsceno apoyo de la Iglesia a la rebelión militar de 1936 y al sistema alumbrado después de una cruel guerra civil. Polvos y lodos. Y falsa colisión de lo civil y lo religioso en la forja moral de un ser humano. ¿Qué colisión puede haber en los contenidos de una disciplina académica basada en la Constitución Española y la Declaración de los Derechos Humanos?

Aquí y ahora el debate entre valores cívicos y valores religiosos, como si fueran incompatibles, produce una pereza infinita y resulta añejo, de menor cuantía y escaso recorrido. Solo da para un par de editoriales en la prensa más identificada con la derecha de siempre, donde se ha llegado a rebautizar retóricamente la asignatura como ‘Educación para el Socialismo’, y como elemento suplementario de la reyerta política permanente entre el Gobierno y el PP.

Sin embargo, ahí está ese sonoro rasgado de vestiduras de los obispos y el partido de Rajoy porque Zapatero, el muy ‘rojo’, quiere colonizar el alma y la mente de los alumnos a espaldas de la Familia y la Iglesia. Lo último ha sido la moción parlamentaria presentada el martes para suprimir la asignatura. Una vez más el PP se quedó sólo frente al resto de las fuerzas políticas. La agenda reciente también nos acerca a la apocalíptica advertencia del cardenal primado, Antonio Cañizares, contra los centros que osen colaborar con "el mal", en clara referencia a los enseñantes de la FERE (Federación de Empresarios de la Enseñanza Religiosa), por haber tenido éstos la osadía de integrar la ‘Educación para la Ciudadanía’ en sus programas educativos, una vez adaptada a su ideario religioso.

El mismo sentido común de los responsables de dicha Federación, mayoritaria en el campo de la enseñanza religiosa, debe habitar en la mente y el verbo del diputado Aitor Esteban que, en nombre del muy cristiano PNV, votó el martes contra de la moción del PP. Se expresó de este modo: "Soy creyente y mis hijos van a un colegio católico, pero no quiero que sean educados en el tipo de moral preconciliar que defiende la Conferencia Episcopal".