EL trigésimo aniversario del aterrizaje de Josep Tarradellas en Madrid para negociar las condiciones de su retorno a Catalunya desde su exilio francés, que se cumple hoy, coincide en el tiempo con la presentación de un proyecto de ley Electoral para mejorar los niveles de participación tras los aterradores datos de las últimas consultas electorales. Con treinta años de por medio se perfilan dos momentos antagónicos. Un primero, el 27 de junio de 1977, enormemente ilusionador en que tan sólo doce días después de las primeras elecciones generales un veterano político como Tarradellas, curtido en el exilio francés, sorteaba con habilidad los obstáculos del momento y cerraba un acuerdo nada fácil con el presidente Suárez. La política sobrepasaba a los políticos y haciendo de la necesidad virtud se trenzaron los éxitos de aquella etapa. Hoy, el 27 de junio del 2007, se presenta una propuesta de ley Electoral que lamentablemente creo que no aborda el problema de fondo: el desapego de los ciudadanos por lo que ven como permanentes movimientos tácticos de los políticos. Las medidas que propone un comité de expertos a falta de mayores detalles se antojan como un proceso inacabado y demasiado hecho a medida de las necesidades de los partidos. En cualquier caso, la solución que permita revertir el momento actual precisa bastante más que leyes electorales.
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