PRISMA

Esta semana que ahora apenas estamos empezando a desgranar tiene muchas posibilidades de ser el principio de algo, que quizás no tengamos muy claro aún qué, pero sí en qué terrenos se va a jugar. Y sin lugar a dudas el campo de debate sobre el que están todos los focos es el del nacionalismo catalán.

A los que arguyen que las disputas entre Mas y Duran i Lleida, como antes lo fueron entre éste y Roca o con el propio Pujol, son una especie de tiovivo que por más vueltas que dé, por más acelerado que vaya, nunca acaba descarrilando, habría que recordarles que la situación actual no tiene precedentes, que por primera vez las desavenencias se dan cuando están en la oposición y ese es un elemento importante para CiU. Porque una de las grandes diferencias entre CiU y ERC, por mencionar a la otra gran formación nacionalista, al margen de otras especificidades más políticas, es que CiU es una coalición que se ha desarrollado desde el poder, que ha crecido en el poder, autonómico y también del Estado, a través de los frecuentes pactos de gobierno que establecía con el PSOE o con el PP cuando éstos gobernaban sin mayoría absoluta.CiU tiene ahora un problema, y no es menor: tiene que hacer política desde la oposición, debe desarrollar su proyecto al margen del poder, pues la institución de mayor presupuesto que gobiernan es la Diputación de Tarragona. Para una coalición acostumbrada a plantear el conflicto político en términos de Catalunya contra el gobierno del Estado, no es fácil tener que limitarse en estos momentos a una oposición contra el gobierno de la Generalitat.

Por eso, CiU ha empezado a sufrir un severo desgaste. Y la amalgama de ideologías políticas que conviven en su seno han empezado a producir los primeros roces: en la oposición, cuando no se disfruta del poder, los socialdemócratas contentos con la campaña de Trias no conviven tan tranquilamente con los liberales de CDC o con los democristianos de Unió Democràtica. Cada una de estas opciones tiene un proyecto distinto de Estado, unos aliados preferidos y una prioridad diferente en su estrategia.

Las diferencias entre Mas y Duran no son, pues, ni puramente personalistas, ni pasajeras, lo que no quiere decir ni mucho menos que estén el borde la ruptura. Mas antepone la reconquista de la Generalitat a cualquier otro objetivo; Duran prefiere asegurarse su participación en la gobernabilidad del Estado para desarrollar sus ideas políticas. La primera reunión que han celebrado ambos esta semana sólo ha servido para mantener las espadas en alto.En otros campos del nacionalismo, aquellos de los que proceden los votantes de ERC, las diferencias tampoco son esporádicas y esta semana veremos qué cariz van tomando los acontecimientos. El combate principal lo disputan Carod Rovira y Joan Puigcercós, aunque probablemente los planteamientos más nítidamente políticos estén en las corrientes que encabezan Joan Carretero (Reagrupament.cat) y Uriel Bertran (Esquerra independentista).

El caso de ERC, sin embargo, no deja de ser curioso: ¡Cuánto mayor es su presencia institucional, cuando el partido se halla en la mejor posición de su historia reciente, un mal resultado en las últimas municipales ha sacudido sus cimientos hasta empujarlo a una crisis de incierta resolución! Bertran agrupa a los sectores más alternativos, en línea con la ERC más joven; Carretero a los más próximos ideológicamente a los sectores más radicales de CDC. En medio, Puigcercós maniobra para ganar internamente una batalla que él no ha provocado, y Carod Rovira intenta una reconversión del partido hacia estructuras más propias de una formación asentada en el poder, lo que puede dejarle solo y como el gran perdedor.

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