SIN PERMISO
Si algo confirma la nueva crisis de relación en el seno de CiU es que el pujolismo sin Pujol es imposible. Cierto que ambos partidos han sufrido de forma periódica sacudidas que han tensado la cuerda sin llegar a romperla, pero la diferencia en esta ocasión es que ya no está Pujol para anudarla. Mientras él estuvo al frente, antes que permitir que surgieran liderazgos internos que le molestaran prefería dar cancha a un Duran Lleida que nunca sería competencia porque la militancia de Convergència no le admitiría como referente. Pero ese equilibrio ha quedado roto y la desconfianza latente durante muchos años acaba por aflorar con más vehemencia.
Aunque en CiU los personalismos son fundamentales, en la convulsión actual subyace cierta deriva ideológica por parte de Convergència. Mas no ha logrado representar la socialdemocracia soberanista que propugnaba Pujol y se ha volcado en un nacionalismo más agresivo, que guerrea contra ERC en lugar de ignorarla. El pujolismo se propagaba siempre a la defensiva, avanzaba a golpes de victimismo aprovechando que siempre hay caldo de cultivo para practicarlo, que daba excelentes resultados a su mentor. Por eso, porque la actitud a la defensiva formaba parte de su esencia, Pujol podía flirtear con los gobiernos del PSOE o del PP, pero nunca entrar en ellos. Corresponsabilizarse hasta ese punto anula el victimismo. Colaborar desde fuera permite que el sentimiento nacionalista se nutra de avances graduales, de pequeñas victorias, sin caer en el desánimo pero sin saciarse del todo.
La salida para CiU, sin embargo, no puede ser copiar recetas del pasado, puesto que la situación es hoy muy distinta. Duran tiene un plan. Consiste en convencer a los electores que han perdido la confianza en Zapatero pero que no creen que Rajoy sea la solución. Con esos votos, añade Duran, CiU hará presidente a uno u otro, preferiblemente al socialista. ¿Para qué, entonces, votar a CiU? Porque desde dentro del Gobierno, insiste Duran, se podrá forzar al nuevo presidente a trabajar por los intereses de Catalunya. ¿Por qué no hacerlo desde fuera, en la tradición pujolista? Porque los ministros catalanes siempre pueden amenazar con salir y montar una crisis en toda regla si no se cumplen los compromisos. Pese a todo lo que se ha dicho, Mas admite en privado que el plan tiene su miga y que, bien manejado, puede reportar un debilitamiento del tripartito catalán, lo que le facilitaría el terreno. Lo cual no está reñido con una cierta desconfianza a que Duran pierda de vista que el objetivo último es la Generalitat.
Para CiU, es como la conjetura de Poincaré, aquel problema matemático impecablemente planteado que ha tardado un siglo en resolverse y, a decir de algunos escépticos, sigue sin solución. Una decisión difícil, con el añadido de que Duran y Mas se juegan sus últimas cartas. El democristiano tiene en sus manos culminar una carrera política solvente pero a la que no ha logrado poner digno colofón. Y Mas es consciente de que la próxima será su última oportunidad de ser president porque en su partido algunos ya empiezan a empujar. La ecuación es compleja. Y si no la resuelven bien, otros vendrán que acabarán haciéndolo.
El grupo mixto supera a ERC
Los republicanos son ahora el cuarto grupo parlamentario, con 8 diputados, pero una disputa interna en Coalición Canaria está a punto de dinamitar este grupo. El diputado canario Román Rodríguez podría marchar al mixto, que se convertiría en el cuarto grupo más numeroso, con nueve escaños. CC había mantenido el grupo propio por los pelos gracias a un favor de los socialistas, que le cedían dos parlamentarios para llegar a los cinco, pero con la marcha de Rodríguez la maniobra es complicada.
Renfe, la patata caliente
Montilla no es partidario de que se creen demasiadas expectativas sobre el traspaso de cercanías de Renfe, ya que si éste se hace sin un incremento ingente de los recursos económicos, es consciente de que el negocio será ruinoso. Lo sabe de primera mano, ya que cuenta como directo colaborador con Isaías Táboas, que pasó por Renfe antes de ocupar su actual puesto de secretario general de la Presidencia.
Mas no quiere ser Obiols
Artur Mas tiene muy claro que no desea eternizarse como aspirante a la presidencia de la Generalitat, independientemente de que se lo pidan o no en el partido. Él mismo ha comentado en algunas conversaciones privadas de forma muy gráfica que no le gustaría convertirse en otro Obiols, en alusión a los tres intentos fallidos del socialista Raimon Obiols de desbancar a Jordi Pujol de la Generalitat.

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