Kassel o el arte sin restricciones, de Nuria Ribo en El Mundo de Cataluña
BULEVAR
La Documenta de Kassel, un festival de arte vanguardista que se celebra cada cinco años, es uno de los laboratorios de arte más interesantes, experimentales y por tanto, provocadores. Por eso me sorprende, yo que soy una «indocumentada» en arte, ver la controversia que ha provocado la no presencia de Ferran Adrià, después de la gran expectación que había seguido a su elección como artista participante en este festival. Ferran Adrià se ha llevado la Documenta a su Restaurante «El Bulli» donde desde el pasado día 15 tiene una mesa que cada noche es ocupada por dos comensales elegidos por Documenta.
En un momento en que la gastronomía se ha infiltrado en nuestras vidas con una rapidez e intensidad insólitas, Ferran Adrià ha conseguido con su cocina atravesar fronteras y convertirse en el mejor cocinero del mundo. Adrià nos llena de emociones, de placer, de interrogantes con unas fórmulas estudiadas y provocadoras.¿Por qué no habría de ser arte una disciplina que provoca esas sensaciones? El debate sobre lo que es o no arte es uno de los más viejos que irrumpe cada vez que aparecen nuevas disciplinas.Hoy nadie duda que la fotografía, las instalaciones o el vídeo son arte, aunque levantaron polémicas parecidas en su momento.
Antoni Miralda fue de los pioneros en el arte efímero al entrar en las cocinas y transformar, de forma espectacular y colorida, los productos alimenticios cotidianos. Hoy tampoco se discute que sus delikatessen, dentro o fuera de las galerías o museos, sea arte.
Según el diccionario de Filosofía de Ferrater Mora, el término arte hoy puede usarse en varios sentidos: en el de vivir, escribir, pensar. Arte significa cierta virtud y posibilidad para hacer o producir algo.
Si la Documenta de Kassel no abre nuevas fronteras ¿quién lo hará? Ferran Adrià ha dejado su arte en el restaurante de Cala Montjoi. En cambio el artista chino Ai Weiwei ha decidido trasladar a 1001 chinos a Kassel. Su obra tampoco deja indiferente a nadie. Su «Cuento de hadas» consiste en colocar 1.001 sillas en diversos pabellones. 1.001 compatriotas, desde campesinos a profesionales y artistas viajarán por turnos a Kassel. Porque de lo que se trata, según Weiwei es de «confrontar culturas y situaciones políticas». Esta vez, el arte de la comunicación será clave. En su maletín de ida y vuelta, 1.001 chinos tendrán la oportunidad de contrastar sus reacciones en un mundo donde la globalización se enfrenta con la paradoja del aislamiento en muchos rincones de la tierra. Las propuestas, tanto de Adrià como de Weiwei, implican un elemento tan esencial y enriquecedor como el debate.Son propuestas «deslocalizadoras» que provocan discusión y forman parte de un pensamiento humano en continua evolución. Eso que Ferrater Mora entiende por arte.
El tiempo se encargará de ponerle el sello que muchos están reclamando ahora. Debatir hoy si es arte o no el sentarse en la mesa de un restaurante o ver pasear 1.001 chinos por Kassel, cuando Marcel Duchamp a principios del siglo XX puso un inodoro en una galería, resulta poco más que anticuado.
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