HOJEANDO ZAPEANDO

Eduardo Haro Tecglen, el desaparecido columnista de El País y muy longevo periodista, con una carrera polémica a sus espaldas -medró y mandó en la prensa oficial franquista, pese a aborrecer el régimen, cuyos prohombres conocían bien su ideología, pero jamás le persiguieron-, llevó a la categoría de arte el comentario político disfrazado de crítica de televisión. Esta última etapa de su vida en las páginas del diario independiente de la mañana, de 1978 a 2005, es la que hoy recuerdan con añoranza sus partidarios. Y es curioso que nadie haya tomado de verdad el relevo en ese formato con tantas posibilidades. Al menos, en la prensa impresa. Porque en internet sí que tiene epígonos.

El más destacado de ellos, Javier Pérez de Albéniz, escribe en elmundo.es. Su blog, El descodificador, también va nominalmente de televisión, pero luego juzga todo lo divino y lo humano.

Es un formato muy agradecido porque ofrece más posibilidades de variedad que el de la columna en la prensa escrita. Haro Tecglen se veía obligado a mantener, no fuese que luego las hemerotecas chirriasen, su inamovible discurso (el posfranquista) de izquierda dura. Lo hacía con gran fidelidad a la segunda parte de su vida, sin duda. En cambio, en internet la naturaleza misma del blog, ese diario íntimo convertido en público, parece más flexible, más tolerante con la volublidad.

Así, observen cómo el 22 de febrero pasado, en torno a la famosa entrevista Jesús Quintero-José María García, El descodificador aplaudía su supresión: «¿Vale todo? ¿Es necesario emitir cuanto se graba para que nadie pueda hablar de censura? ¿No confiamos cada día en el criterio de profesionales del periodismo, y de la edición (no de la censura), para que pongan en antena aquello que merece la pena ser visto? ¿Es necesario emitir, de forma consciente, 'insultos, descalificaciones y ataques' y dejar que, en caso de problemas, decidan los tribunales?». En cambio, el 20 de junio aplaudía la emisión de imágenes grabadas subrepticiamente a Rajoy y Jiménez Losantos: «Por si no lo saben, les diré que las imágenes de la noticia perfecta se registraron durante la pausa de una entrevista radiófónica. Luego llegaron a algunas televisiones y... muchos de ustedes se preguntarán si es lícito utilizar una grabación de este tipo, realizada cuando se supone que la cámara y los micrófonos están apagados. Yo pienso que sí: políticos y periodistas no deberían tener dos discursos, uno con cámaras y otro sin ellas. Y sobre todo creo que, con lo que hemos visto y vemos cada día en el mundo del periodismo, una grabación de este tipo no deja de ser una anécdota: cosa de niños».

En resumen: que se suprima lo que nos parece molesto y que se publiquen palabras robadas que sólo pueden molestar a sus (desagradables) autores. Ductilidad se llama la encomiable figura. E innovación periodística también: se presenta la teoría del fin de la intimidad y de la supresión del off the record. Todo un avance democrático. Haro Tecglen ha quedado superadísimo.

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