EL APUNTE

No es un trabalenguas. Se trata de la realidad. Artur Mas y Duran Lleida llegaron ayer al acuerdo de tomar una decisión sobre su futuro, pero otro día, tras la reunión que mantuvieron en la clandestinidad. Cuando se hacen las cosas así se ofrece la posibilidad de abrir las especulaciones sobre lo que está ocurriendo en la federación. Todo parece antiguo. Quiero decir que este tipo de escenificación de rupturas y uniones ya las hemos vivido en CiU y nunca ha pasado nada. Puede que alguien del equipo de estrategia haya decidido que situar a la federación al borde del precipicio funciona mediáticamente. Este análisis, que no es la primera vez que oigo, es demasiado brillante para estar generado por un equipo político. Lo que ha cambiado es el péndulo del poder.Mientras que en otras épocas estas crisis se vivían desde el gobierno, ahora se sufren desde la desecada oposición. Ayer, Mas y Duran decidieron que dejarán las decisiones para otro día, aunque las tengan previstas. Sin sofisma alguno, resulta aburrido que los políticos se reúnan para decidir que decidirán. ¿La elucubración? Saber quién manda.

alex.salmon@elmundo.es

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